sábado, octubre 27, 2007

Claro que se perder... pero me dejaste helada

En los últimos días no hubo mucha comunicación con el colega. Por un lado, estalló una ola intensa de chamba que suponemos terminará a mediados de diciembre; y por el otro, tampoco quería acosarlo.

En paralelo, mis salidas se redujeron considerablemente debido a que estoy cuidando mi (alicaído) estado físico. Entonces he pasado fines de semana casi enteros en casa (sin contar el del censo) que me han permitido descansar lo suficiente, pero también me han llenado de aburrimiento.Y ¿qué pasa cuando uno no tiene muchas cosas qué hacer? Piensa (y a veces, generalmente, se atormenta).

Afortunadamente, el nivel de endorfinas generado por la cantidad de ejercicio que estoy haciendo, equilibra un poco mis estados emocionales. Así que estuve más o menos preparada cuando me cayó el baldazo de agua fría (que supongo también les caerá a ustedes cuando se enteren) que me tenía preparado el destino.

Estaba en casa, el domingo después de la salida almorzando con mi familia. Había venido mi prima favorita de visita, quién estuvo fuera del país casi un mes, y estábamos poniéndonos al día respecto a nuestras vidas. Le estaba comentando, obviamente los últimos acontecimientos con el colega y claro le empecé a mostrar las fotos del almuercito de reencuentro.

Por esas casualidades del destino, uno de mis hermanos entra a la habitación y casi de pasada logra ver una de las fotos en la pantalla (era una en la que aparecíamos los cinco en el restaurante, antes de ir a la casa del colega) y se produce la siguiente conversa:

Hermano: Ah! Justo ayer vi a tu pata por el parque Kennedy. Estaba con su enamorada.
Cándida Catársis (por no decir cojuda): A cual de los dos? (habían dos chicos en la foto)
Hermano: A ese (señalando al colega)
Catársis (incrédula): Estas seguro?
Hermano: Claro, el es el que nos acompañó al estreno de la ópera prima de la hermana de una de tus mejores amigas.
- No quedaba duda, lo recordaba con claridad.

- A Catársis casi se le desfigura el rostro.
- La prima miraba atónita el cuadro. Ella también asistió a la dichosa opera prima.

Catársis (tratando de lucir incólume): Ah si? Su enamorada? No sabía que tuviera enamorada.
Hermano (con la tranquilidad que produce la ignoracia): Pues bueno parecía, estaban caminando por Diagonal con dos chicos más y el la tenía abrazada de la cintura.
Catársis (aplicando preguntas filtro): Pero… los viste agarrando o sólo la tenía abrazada? (igual me parecía raro que abrazara en la calle con tanta naturalidad a alguien – el chico solía ser poco efusivo)
Hermano: Bueno, no los vi agarrando
Catársis (con algo de morbo): Te vio?
Hermano: Si, pero no me reconoció (no era sorpresa, ya que la ópera prima se estrenó hace casi año y medio, el muchacho no tiene memoria de rostros, y tampoco frecuentó mucho a mi hermano)
Catársis (haciéndose la indiferente y mirando a la prima con los ojos más abiertos que nunca): Ah manya!
El hermano salió del cuarto sin imaginar el despelote que se había generado.

Quedé en shock. O sea, yo pensaba que el muchacho se había ofendido (y me azotaba en el camino), creía que le costaba comportarse de una manera más cariñosa, que estaba palteado porque nos conocemos hace mucho tiempo y frecuentamos al mismo grupo desde entonces, y bla, bla, bla. Pamplinas!!!

El chico tranquilito, me había “almorzado” en mis narices, y estaba jugando con doble carta. Bueno, pensé, menos mal me enteré ahora y no cuando hubiera daños (reales) que lamentar.

Pero igual seguía con la duda. La abrazada podía ser su novia, su amiga, su amiguita, su agarre, o su gileo de aquel día. En los últimos casos, no tenía porqué ofenderme. Finalmente, ninguno se había comprometido con el otro; aunque si sentía que existía, o hubiera querido que existiera, una “carta de intención”.

Mi primera decisión fue abortar la misión “colega”, pero antes necesitaba saber (por inseguridad y morbo). Entonces me dediqué a pensar cómo se lo podía preguntar. Quería obtener la info, sin que suene a reclamo, a pelea, a comadre desubicada, y hasta con un tono de amistad (no tenía, ni tengo la intención de renunciar por lo menos a un trato amable en nuestras salidas grupales). Entonces escribí ese domingo:
Yo (por mensaje de texto): Ampay! Con quién andabas anoche abrazadito por el parque kennedy? Manya… Q guardadito te lo tenías ;)

Pasé toda la tarde a la expectativa de una respuesta. Anochecía y no respondía. Cabrón… pensé.
Al día siguiente, entré a mi gmail y salí al toque (porque en el trabajo me registran el tiempo de conexión a páginas web, plop!). Lo pude ver conectado, pero tampoco me atrevía a decir nada más. A las dos horas vuelvo a entrar y tenía el siguiente mensaje en mi bandeja.
El colega (por chat): jajaja, no la tenia guardada, apareció de repente. Consecuencias que le dan alegría a la vida, te invitan a ver el partido y salimos todos abrazados, unos mas que otros por supuesto, besos. bye bye

Estallé en carcajadas. Me pareció una respuesta cool. No lo negó, y me encantó que no lo hiciera. Me pareció sincero. Y aunque no terminé de entender a cabalidad lo que dijo (a mí me pareció un chote, a una amiga no tanto, otra estaba completamente indiganda, y literalmente no dice nada), y algunos crean que tengo serias enfermedades mentales, me tranquilizó mucho su respuesta.

Me dejó buena vibra. Sabía que la próxima vez que lo viera todo estaría en buenos términos. Claro que no voy a negar que ya me había hecho un poquito de ilusión, pero como dice la canción “claro que se perder, no será la primera vez…”

Entonces respondí:
Yo (por correo): vale!!! cuídeseme. bye, bye

sábado, octubre 20, 2007

Segunda cita: ahora la peliculita es en el cine

Luego de aquel primer beso (debo confesar que me siento demasiado fresa refiriéndome así a tal episodio), la conjunción de los astros hizo que nos volviéramos a ver. Nuevamente un asunto de coincidencias.

Tenía una entrada doble para el avant premiere de “Trust the man” (Lo tradujeron como parejas). Gané las entradas semanas antes, el día que fui a “celebrar” mi inexistente aniversario con la rana viendo “Licencia para casarse”. Recuerdo que cuando vimos el reel, tuvo el descaro de preguntar “¿entonces nosotros tenemos que llevar ese curso?”. Fue la última vez que fuimos al cine. Pero ese es otro tema. (sorry, soy toda una masoquista – es inevitable). Bueno, el asunto es que tenía las entradas desde semanas antes. Sigamos.

Cuando me las gané, quedé con una amiga para que me acompañe. Hablé con ella el día anterior y me dijo que no podría ir. Entonces empecé a buscar opciones, antes de animarme por ir sola. Pensé en alguna de las chicas de la oficina, pero nadie había escuchado sobre la película y tenían cosas qué hacer. Sólo una de ellas, con la que tengo más confianza, me dijo que había visto los avances y que le parecía mostra, pero tampoco podía. Los amigos en los que pensé (entre ellos mi causita) tienen novias celosas, pensé en mi otro mejor amigo , pero la última vez que nos vimos seguía con la actitud algo complicada y preferí que esta vez no.

Obviamente, quería evitar llamar al colega. Después de esas peliculitas en su casa y de mi nefasto comportamiento. Osea, la hice malaza y corría el riesgo de que se hubiera ofendido. No tenía muy claro como estaba el asunto. Entonces, invitarlo al cine era como “chuntarla” o quedar descartada completamente con esa cuestión. Me moría de nervios.

Además, era una comedia romántica ¿cómo le iba a decir que me acompañe a ver una película romántica? Me parecía pésimo.

Pero uno siempre tiene 15 minutos de coraje y/o estupidez. Decidí arriesgarme. Finalmente, así sabría más rápido cómo era la nuez. Mandé un correo, como quien no quiere la cosa. El intermedio total. Super buena onda, explicándole cómo había obtenido las entradas, en el papel de la pobre niña que no tiene quien la acompañe, animándolo con la trama de la pela, y claro con su despedida coquetona sobre un mensaje de texto que me había enviado. Nuevamente, ni tan tan, ni muy muy.

Respondió a los cinco minutos. Uffff…. Por lo menos no me quiere aventar de un puente. Eso es bastante. Aceptó, escueto, pero aceptó. Es un chico de pocas palabras. Vale!

Nos encontramos en el cine. Llegó el momento del saludo. ¿lo beso o no lo beso? Qué stress! Ya pues, si estaba en una situación así ¿había que hacerlo bien, no? Lo besé. Me besó. Mientras hacíamos la cola estábamos conversando de nuestro día en el trabajo, algo del almuerzo de reencuentro y huevadas (qué divertido es hablar huevadas, no creen?). Entramos y fue uno de los niños más buenos con el que he ido al cine jamás. Hasta me atrevería a decir que estaba nervioso. Nos cogimos de la mano casi al final, con estos floros del aire acondicionado.

Al terminar la peli, la cosa fue mejorando. Ya se le notaba más relajado y hasta me abrazaba con toda confianza. Eso me tranquilizó. Ok, no me quiere aventar por la ventana, me acompaño al cine y por lo menos podemos caminar en buena onda. Caminamos por horas. Hace tiempo que no caminaba acompañada. Estuvo cool. Hablando de un montón de cosas.

El colega resultaba ser una caja de sorpresas, bastante agradables debo decir. Se hizo tarde, me dejó en la puerta de mi casa. Nos despedimos con el típico “hablamos” y se fue.

Al entrar a mi casa, no sabía que pensar. Me sentía aliviada por un lado, pero lo seguía sintiendo distante. Entonces pensé que tal vez se había sentido comprometido con mi invitación y que estuvo tratando de hacerme sentir bien. Mmmm… yo no necesitaba eso, no si no era cierto. Hubiera preferido que sea completamente franco. Pero tampoco era el momento para hablar tan claro. Recién estaba observando y decidí esperar más, a ver cómo se seguían dando las cosas… después de todo, es un asunto delicado.

martes, octubre 16, 2007

Debí tomar un vino, quizá alguna cerveza…

Luego de un mes, las intenciones de los gavilanes se fueron perfilando mejor.

El asunto pendiente, sí, sí, el de la terapia cumplió su ciclo y no supe más de él, aunque a veces lo veo conectado en el msm. Yo no tengo mucho qué decir. Así que allí nomás.

El ex a simple vista solo quiere pasarla bien, aunque hay detallitos que a veces los salvan de la categoría “amiguito” para convertirlo en “pata”. No lo siento definido aún, en ese sentido. Por eso estuve a punto de pedirle disculpas porque en algún momento sentí que lo usaba como paño de lágrimas y él se dejaba cual abnegado mártir. Pero cuando tuvo el descaro de ofrecerme “masajitos” una noche de sábado. Stop! Ya sabía por donde iba el asunto y francamente, no ando de humor para mr.right now.

El chico de la carrera nike dejó en claro que su interés era el deporte y, por supuesto, tener una acompañante para sus múltiples compromisos. La prueba imbatible fue cuando empezó a llamarme por mi apellido (y me sentí tan aliviada que casi me cuelgo de su cuello).

Tons ¿Quién quedaba por descartar? El colega, el chico del vino, aquel que me parecía una buena opción para compartir mi tiempo en serio, bonito.

Luego del episodio del vino no hubo una sola llamada, un solo correo, ni nada; así que yo estaba relax. Ya no quedan “pendientes” pensaba. Pero no reparé en la proximidad del cumple de un chico del grupo, que podía ser una posibilidad de reencuentro, claro que de la misma naturaleza de siempre: léase tranqui.

Entonces el cumpleañero: mi mejor pata, mi brother, mi causita, me pidió que le organizara el almuercito. Reservaciones aquí, confirmaciones allá, llamando, emiliando y enviando mensajes de texto a la gentita (colega incluído). El almuercito de reencuentro quedó regio y al final apareció la típica ¿dónde la seguimos? Entonces decidimos ir a su casa.

Por alguna razón, hice gala de una serie de detallitos coquetones, y el respondió con bromitas en doble sentido delante de todos en la mesa. Yo, como siempre, lo tomé super natural. Total, broma es broma. Estamos con la gente de la facultad. Nosotros nos tratamos así. No hay nada de qué preocuparse, esto (ni siquiera mi jueguito) no significa nada.

Por otro lado, este chico es el más serio del grupo. Jamás diría nada que lo comprometiera en frente de todos y si este muchacho hace algo es porque estaba pasando algo más.

Fuimos a su casa, a secarnos el twelve pack de Brahmas. De pronto “hay que ver una película”. Ok. Pusimos “Los otros” y aprovechamos los cojines, la oscuridad y la trama para ponernos cómodos. Mi brother apachurraba a mi amiga del alma y el colega me apachurraba a mi (y teníamos a la gata encima).
Se acabó la película y mis patas empezaron a alistarse para irse. Yo no estaba muy segura de irme. Era temprano y mi otra opción era no hacer nada en casa.

En medio de la duda me metí al baño y cuando salí, los alcahuetazos ya me habían dejado. Entonces vino la nueva propuesta “otra peliculita?”. Ok. Vimos “Vanilla Sky”. La situación no varió mucho. Yo apachurrada y con la gata encima (adoro a la gata). Hasta que terminó la película.

De pronto, un movimiento re-estratégico. Ya estaba entre la espada y la pared (rayos! a mi siempre me pasan estas cosas, pensé). Entonces me besó. De hecho yo ya había pensado en la posibilidad (proyectada al 3%, pero posibilidad). Lo besé. No pierdo nada dándome chance, me dije. Y no pensando en la opción de una potencial relación “bisagra” como alguna amiga mía sugirió. Quería hacerlo en serio, con buena intención.

Fue una situación extraña. Si bien, alguna vez, hace algunos años, ya había pensado en él con un ¿por qué no?; estar en la cancha jugando el partido “abruma a cualquiera”. Entonces empezó a hablar (oh! margot!) del día del vino, de las salidas anteriores, de él, de mí. Yo seguía abrumada. Despues de todo, mis reflexiones anteriores no habían cambiado mucho, salvo por una cuestión de actitud (ahora sentía que podía intentarlo).

Hablé algo, pero creo que no dije mucho. Ni tan tan, ni muy muy. Ni siquiera yo habría entendido lo que dije si hubiera estado del otro lado.

Volví a mi casa a las 12 en punto, cual cenicienta. Mi mal-pensamiento decía “Bueno, un agarre entre patas... a veces pasa” y luego aparecía mi conciencia diciendo “¿Y si no?” Mi principal preocupación era no arrastrarlo con mi indecisión.

Concilié el sueño con dificultad, pero dormí tranquila.

sábado, octubre 13, 2007

Guardad celosamente el secreto


Las últimas dos semanas han girado mucho en relación a quién soy. Lo cual comprendo, porque comparto el morbo (y no tengo miedo de decirlo) de todos los que tenemos un blog y/o leemos los de otros.

Desde el principio tomé el anonimato como opción, porque considero que lo importante aquí no es quién soy, sino qué digo. Eso es lo que define mi identidad en el mundo blogger.

Tal vez algunos podrían pensar que es porque no tengo el valor o la honestidad de decirle a la gente lo que le quiero decir. A lo cual solo puedo contestar con dos argumentos: hay cosas que no son necesario decir (porque no aportan nada a ninguna relación y pueden ser leídas a través de otras señales) y que cuando uno quiere decir algo no sólo es importante el fondo, sino la forma.

No creo ser hipócrita (tal vez aquí también entra esa cuestión de los matices). Por ello, es muy probable que la mayoría de cosas que he escrito hayan sido comunicadas a sus destinatarios / implicados reales, aunque con otros términos. Estoy convencida de que cuando uno tiene algo que decir, suele pensar a quién se lo dice para saber cómo. Tal vez es una herencia profesional. Aunque a algunos les podría sonar paradójico: Soy comunicadora, de las publicitarias. Tal vez eso ayude un poco a entender algunas cosas.

Prueba de que no es temor o cobardía, es que hay amigos de mi círculo real (no virtual) que conocen sobre la existencia de este blog y asumieron la responsabilidad de su conocimiento con dos condiciones básicas:
1.- La indispensable confidencialidad del asunto, que se convierte en ítem de conocimiento exclusivo; y
2.- El compromiso de expresar libremente su opinión en este espacio (o decírmela directamente); así como la búsqueda de explicaciones cuando algo no les quede claro antes de malinterpretar mis opiniones o mis sentimientos.

Agradezco a todos aquellos quienes cumplieron con este compromiso, sin embargo no puedo dejar de mencionar mi decepción última al conocer que uno de ellos faltó a la primera condición. Sé que nuestra relación en los últimos meses no fue buena. Sé que se estaba desmejorando en demasía. Pero ese último detalle terminó de matar por completo el último pedacito de estima salvada por el buen recuerdo que podía tener de esta persona, digo de esta rana. Ni modo, parece que esta vez me tocó aprender a golpes. Tarea cumplida!

Por otro lado, debo reconocer que me he acercado a muchos de ustedes, que tienen a bien invertir algunos minutos leyendo este blog-cete, y de verdad les agradezco los comentarios, las palabras de aliento, las opiniones en contra, las nuevas formas de ver las cosas que me han dado, los espacios de discusión que han generado, entre otros.

Estoy descubriendo las ventajas de la amistad virtual, a la que debo confesar aún le tengo ciertas reservas (por eso no suelo asistir a sus reunas, almuerzos, karaokes y demás, porque también comprometen mi identidad). Tal vez me falte procesar un poco más la idea para llegar a ello, espero comprendan. No es cuestión de hacerse la especial como diría alguno, sino una cuestión de propia personalidad, que no tiene nada que ver con mis amigos “virtuales”.

Parte de mi descubrimiento de su amistad es ver cómo sin conocerme física / realmente asumieron implícitamente los condiciones básicos frente al conocimiento de la existencia de este espacio, de la misma manera que mis mejores amigos “reales”.

Entonces, ahora no me queda más que hacerlos cómplices explícitos de este pequeño, pero significativo espacio (para mí por lo menos). ¿aceptan?

domingo, octubre 07, 2007

Cantando el Jai Jai Jipi, Jipi Jai (otro mensaje)

Amor de mis amores, vida mía:

La mejor manera de agradecer todo lo bueno que has hecho por mi, no podría ser menos que comportarme a la altura. A pesar de que tu presencia en mi vida el último año ha sido más que reconfortante, me veo en la obligación de tomar distancia.

En medio de todo el jaleo de los últimos tiempos, no reparamos demasiado en que alguien (muy importante) resultaba notoriamente incómoda con nuestra amistad. Mientras anduve acompañada era difícil, pero ahora me he convertido en una suerte de “peligro latente” y no puedo más que hacerme a un lado. No porque ser amigos sea “malo” o “no-conveniente”; sino porque la novia siempre tiene la razón y punto.

Sabes que mi posición frente a algunas cosas se ha modificado un poco. Por ello, siento y quiero ser coherente con todo eso. Se que no estás tan de acuerdo. Que regir tus acciones en torno a lo que llamas “caprichos” de otra persona es algo que consideras no se debe hacer. Pero yo te digo que sí.

Yo sé lo que ella siente. Ella te quiere, ella confía en ti y aunque yo haya intentado explicárselo y probárselo, aún le resulta dificil pensar que solo somos amigos y sigue pensando en mí como en una “bitchita”. Y con todo cariño te digo: La culpa es tuya! Porque tienes que entenderla, quererla y respetarla, mucho más de lo que ya lo haces, y buscar con paciencia la manera de que lo entienda.

Nuestra amistad no tiene nada que ocultar. Es la más sincera que tengo. De lo contrario no se habría podido mantener, a pesar de todo, por tantos años. Como diría Jerry Rivera (que por ahora también detesto, pero no deja de tener razón para este caso particular) “no cabe el odio entre dos amigos que un día fueron novios”.

Pero a ella le jode y está en todo su derecho. Y si tú no piensas darle el lado que le corresponde, yo si lo voy a hacer. Debemos respetar su proceso. Y en el peor de los casos, retomar nuestra cercanía cuando yo tenga nuevo novio o por lo menos “date” a la vista. (Pondré todo de mi parte para que no pase taaaaanto tiempo, jajaja, pero yo también tengo que terminar mi proceso).

Finalmente, el “sacrificio” no es tanto y te aseguro vale la pena. Vas a conseguir solidificar una relación que te hace feliz, que quieres y valoras. Ergo, vas a ser más feliz.

Ya quedó comprobado que vamos a ser patas hasta que tengamos nietos. Así que no te preocupes por eso. También sabes que voy a estar bien (generalmente tú lo sabes mejor que yo). Así que “no es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós”

Un abrazo enorme.
Sé muy feliz ¿ok?

Catártica

P.D.: El título que parece el estribillo de un vals para un amor ingrato, pero en esta ocasión es la mejor manera de dirigirme a un gran muchacho.

miércoles, octubre 03, 2007

Sí, para ti: AMIGO

Lo que viene a continuación es un ejemplo de un nuevo síndrome de amistad que está corriendo entre las ranas. Y ahora hablo de una categoría. Tal vez Mu, Darling y la Girasol se podrán identificar un poco con esta historia, cortesía de una querida catártica que me autorizó la publicación.

Ahora que las aguas están calmas puedo compartir mucho más, con mucho menos hígado. Pero hace un mes, el correo que adjunto pudo haber sido escrito sin ningún problema por mí y por la rana.

EL dice: (pero nunca cumple)
Espero que con el tiempo entiendas que a pesar de que lo nuestro no funcionó también fuimos y somos amigos. Prometo no volverte a escribir, a menos que tú lo hagas, sólo cuando sienta que tengo algo que decir al respecto.

Espero que estés bien, con todos tus proyectos y que tengas un lindo día y un buen fin de semana

Ella lo cuadra: (y lo ubica)
Me mantienes atada a ti y a un sentimiento que no correspondes y eso no es sano. Me afecta mucho más a mí que a ti.

Quizás tú estás triste por perder una amiga. En mi caso perdí muchas más cosas y necesito salir de todo esto, volver a sentirme bien conmigo misma primero y recuperar esa paz que ahora no tengo.Ya no soy esa mitad, que tú insistes en ver en mi. Nunca lo fui, como te dije... más allá de mi amor por ti, no pude y hasta ahora no he podido ser tu amiga y espero que lo entiendas.

Me siento vacía por dentro para darte amistad. Y tu constante presencia solo hace que ese vacío se sienta más grande, y lo sabes. Y es egoísta de tu parte querer forzar a una persona a que te quiera de la manera que a ti más te conviene pasando por encima los sentimientos que tiene por ti. Solo estáspensando en ti una vez más.

Me duele alejarme de ti, y me duele sentirte lejos, pero cerca todavía no tengo muy claro si me estás haciendo bien, obligándome a aceptar tus condiciones de amigo en las que yo gano muy poco y cada vez me pierdo más.

Yo no voy a poder iniciar una nueva relación, ni siquiera sanarme de todo esto hasta que no cierre el capítulo contigo, hasta que no estés en el pasado por completo, mientras tanto sufro mucho cuando me tratas como amiga mientras yo siento otras cosas.

Se que lo vas a comprender y quizás lo tomarás también como un mensaje de Dios en el que la prueba más grande amor hacia mi es dejarme libre y pensar en lo que necesito, no en lo que necesitas tú.

Te amo, y ese hasta ahora sigue siendo el problema.

domingo, setiembre 30, 2007

Entre lo urgente y lo importante

Es curioso cómo cada vez que escribo post “jodidos” siempre aparece alguna razón que retrasa o incluso evita su publicación. Hoy sucedió algo parecido. Había reflexionado mucho en la semana acerca de varias “patologías masculinas” con ejemplos prácticos, y hasta con la solidaridad del caso; pero mi estado de ánimo se encuentra menos conflictivo el día de hoy.

Sin proponérmelo, hablé con los gavilanes durante el fin de semana. En algunos casos coincidimos en una situación común, y en otros lo fabricamos.


Todo empezó el sábado a medio día. Había quedado con mi colega en que le regalaría un vino, por un free-lance gratuito que había hecho para mi trabajo como favor personal. Cuando se lo pedí, sabía que me iba a ayudar (porque es un chico buenísimo), pero tampoco me quería pasar de fresca. Entonces propuse el trueque.

Por una cuestión de horarios, lo que sería una salida nocturna en día de semana se convirtió en peliculita vespertina de sábado,. Lo que si no recuerdo es cómo se adelantó, porque yo estaba convencida de que sería el próximo sábado.

Me levanté super tarde, porque había tenido algunos compromisos la noche anterior, y me fui al supermercado. La compra fue graciosísima. Eligiendo el vino, obviamente los quesos. Por allí se me ocurrió tener tostaditas con patés. Hasta que miré mi canasta y dije “¡Un momento!”.

Sinceramente, cualquiera que miraba mi canastita podía alucinar una cena romántica de aquellas (yo lo hubiera hecho), y no era el caso. Lo curioso era que jamás en mi vida había hecho una compra de esa naturaleza para alguna situación similar. Creo que el hecho de jugar a la “compra romántica” me resultaba divertido. Pero decidí moderar mis símbolos para no tener problemas de “señales erróneas” y lo volví todo más sencillo.

Cerca de la hora, apareció el segundo stress ¿qué me pongo?

Tenía un cumpleaños después, pero podía regresar a mi casa a ponerme ropa de tono (“rica y apretadita” como dirían algunos). Estaba en buzo. Pero aparecerme así, también me parecía demasiado maleado. Ya muy poca importancia. Otra vez encontré el punto medio aristotélico con una chompita y una chaqueta que me podían servir para el cumpleaños en caso de emergencia (o sea, si tenía que irme de frente al cumpleaños – no sean mal pensados, jajaja).

Vimos una película linda. No tan emotiva, por lo que mi recientemente incrementada tendencia lacrimógena estuvo controlada. Fueron un vino feliz y quesos alegres. Historias desconocidas, a pesar de que nos conocemos años. Pero lo que más me llamó la atención fue su mascota. Tiene una gatita de cinco meses que me pareció de verdad encantadora. Creo que nos caímos bien, a pesar de que a mi los gatos no me convencen tanto (prefiero mil veces a los perritos- mientras más grandes, mejor).

Al terminar la película, supongo por efectos del vino, el asunto recién se puso caletamente “coquetón”, pero me salvó la campana. Llegó el hermano con un amigo y se acercaba el momento de mi partida. Larga despedida, pero todo tranqui.

Debía enrumbar al cumpleaños, pero debido a mi ubicación pude hacer una parada estratégica, y caí en casa de mi mejor amiga de colegio, cuyo hermano es aquel que fue mi soporte emocional durante mi ruptura con la rana. Conversamos un toque y creo que ya todo está tranquilo. Lo cual me dejó una buena sensación antes de enrumbar al siguiente compromiso.

El cumpleaños divertidísimo. A pesar de que no eran colegas expresamente, estaba con un grupo de humanistas y se sentía el mismo feeling. Historiadores, fotógrafos, periodistas, psicólogos. Creo que mi pata hubiera encajado muy bien en ese grupo. No se por qué no se me ocurrió invitarlo. Hubiera sido divertido.

Luego apareció el tercero: el chico de la terapia. Divertidísimo como siempre. A mi me llaman la atención los chicos “locos”, esos quemaditos con complicaciones subyacentes. Pero creo que esto fue más bien un caprichito temporal. En algún momento contaré la historia completa. Simplemente fue el hecho de “quiero que me hagas caso”, pero ayer no me importó.

Ahora estoy esperando al cuarto integrante: el chico que me pasea por su círculo social. Se supone que hoy nos inscribiremos en la carrera Nike y correremos juntos los cuchucientos kilómetros de la ruta.

Agitado el weekend ¿verdad?

viernes, setiembre 28, 2007

Mañana musical, como si nada

Hoy tuve que despertar temprano. Para ser sincera debía estar alistándome para ir a la oficina en el momento en el que empecé a escribir este post (soy publicista, para aquel al que no le había quedado claro y quiso preguntar).

Prendí la radio, en estación de música pachanguera, como hago todos los días que necesito/quiero salir pronto de la cama. Entonces encontré esa canción sobre la que escribí meses atrás y pensaba “tanto punche por las puras”. Pero lo más gracioso fue la canción que le siguió.

¿No les ha pasado que a veces sienten que el señor destino les dedica todas las canciones?

Bueno, me dio la impresión.

Esto es lo que yo llamo una cortavenas solapa. Me hizo reír un poco la coincidencia, pero la comparto con los que disfrutan su salsita cubana de cuando en vez, y con los que no también. Have fun! Buen fin de semana.

COMO SI NADA

Luché por tu querer, te di mi vida,
no se que voy hacer sin tus caricias,
sin este gran amor que me arrebata,
que me quitas, que me robas y que me mata.

Tal vez algún ladrón, algún farsante,
malgaste lo que yo supe enseñarte,
tal vez algún señor de mucha plata,
le ponga precio a nuestro amor como sin nada.

Como sin nada, alguna tarde, algunas noches de escapada,
ese amor que tantas veces me entregabas,
quedó olvidado en otra piel, mira así como sin nada
como si no importara nada,

Como sin nada,
me arrebataste el corazón con toda mi alma,
me lastimaste, te has llevado la esperanza,
mis ilusiones amor mío, como sin nada...

Y ahora, cómo me quitas
este amor como sin nada
como si no importara nada,

Luché por tu querer, te di todita mi vida,
no se que voy hacer, sin tus caricias estoy perdida,

Y ahora, cómo me quitas
este amor como sin nada,
como si no importara nada,

Hoy que me quitas tu cariño y me arrebatas este amor
es el pago que me das, como si no importara nada

Y ahora, cómo me quitas
este amor como sin nada
como si no importara nada... (BIS)

Yo que te enseñé de la vida todo lo bueno y lo malo,
ahora solo me has dejado adolorido y amargado,

Y ahora, cómo me quitas
este amor como sin nada,
como si no importara nada,

Y que excusa puedes darme si le fallaste a este amor
y mataste la esperanza que había en mi pobre corazón

Oye mami, ya tú sabes, te di de todo
solo te digo una cosa, así es la vida

domingo, setiembre 23, 2007

Mensaje para una rana

La ociosidad y la mala salud hicieron que la reina jugara con los sonidos de su celular. Ese celular que compré después de que me robaron en un café ventilado, cuando tu versión príncipe me llevó a buscar soluciones en la sede del orden. En cambio yo, me encontraba dispuesta a aplicar uno de mis primeras acciones para espantarte, pero te mantuviste firme.

Ese amanecer nos llevó a uno de nuestros lugares, al que no pude volver sino hasta mi primer día de silencio, y quizá sea la causa de que haya durado varios días más. Silencio que sin pensar me acercó un poco de nuevo. Por cierto, si fui feliz bajo esa luz verde, que quizá utilizaste para camuflar el tono de tu piel.

De pronto escuché ese sonido de palo de agua que me llevó la memoria a los amaneceres de un verano. Un verano maravilloso de playas, helados y apariciones inesperadas. Que empezó en el sur, de regreso con un salmón y no tengo muy claro donde terminó, tal vez en ese lugar del que nunca reconocí propiedad porque no era digno de nuestro reino.

Ese verano dónde empezó la historia de una zanahoria ajena, que pudo estar acompañada de una propia. Fue interesante decir por fin el motivo de mi principal preocupación. Tal vez nunca me sentí, o me hiciste sentir, parte del mismo cuento y ese fue el problema de todo.

Hoy nos veo con nuestros propios libros y no se que pensar, ni mucho menos que sentir. Solo me quedo con la atónita mirada llena de hubiera(mos) y me gustaría haber conseguido un boleto para ese lugar fundado en 1784 y haber probado si te conviertías nuevamente con otro beso.

Es cierto, las ranas tienen derecho a tener memorias, pero no sé si tanto como las reinas de las alturas.

jueves, setiembre 20, 2007

No quiero un novio… quiero un amor real

Hace días estoy con que quiero escribir “el último post” para terminar de cerrar mi historia, pero no puedo. Supongo que por el momento no podré etiquetar nada de “lo último”. Lo más cercano que escribí me sacó llagas de los dedos. Me dolió en una parte de mi alma que no sabía que existía. Así que el tiempo dirá qué cosa fue lo último. Yo no lo forzaré más.

Por su parte, las cosas “formales”, trabajo, estudio, viaje, siguen su camino y no me estresan. Sin embargo, como escribí hace mucho tiempo los hombres te huelen: aparecieron los gavilanes.


Aquellos que por su “accionar de manual” se diferenciaron de los amigos reales que me dieron el abrazo y la palamadita en la espalda de “echa pa´ lante”.

Un amigo que no veía hace tiempo misteriosamente ahora me lleva a todas las reuniones con sus amigos: los de la chamba, los de la universidad, los del colegio (eso fue un exceso!!!). Me cae super bien y me lleva a conocer a un montón de gente, pero ni con gimnasio, ni con rinoplastia :S

El otro, un ex que revolotea, siempre revolotea. Me gustaría poder mirarlo con el embobamiento de antaño, cuando lo sentía inalcanzable. Pero en el fondo somos muy parecidos y solo nos respetamos y admiramos bastante. Un amigo que ha estado muy cerca mío en los tiempos recientes y con el que no he sido la mejor de las amigas. En extremo comprensivo. Le debo una super disculpa, aunque diga que no.

Un asunto pendiente, que anda tan enredado como yo. En realidad, más. Es un cuerototote de atar. Mejor dejamos que su terapia psicoanalítica lo ayude un poco más. Igual, nos veremos pronto.

Y el más extraño, el amigo del grupo que en un principio era lejano y ahora me invita a salir para “engreírme”. Lo curioso es que reserva la coquetería para el privado. Igual su compañía es super. Si tuviera que pasar mi tiempo con alguien, creo que sería con el. Después de todo, ya somos amigos y tenemos harto en común.

Obviamente, no estoy para relaciones, aunque si para compañía. Sería muy cruel de mi parte ilusionar a alguien con cosas que no puedo ofrecer, o comprometerme a algo que por ahora no puedo. Demasiada auto-presión.

Sin embargo, pensaba en algunas cosas que me gustaría encontrar para cuando todo esto pase (y esto va a sonar a powerpoint meloso):

Que me quiera y que se deje querer.
Que me engría y se deje engreír.
Que me proteja y se deje proteger.
Que me apoye y deje que lo apoye.
Que me hable y me deje hablar.
Que me escuche y se haga escuchar.
Que me comprenda y se deje comprender.
Que me necesite y haga que yo lo necesite.
Que me aconseje y se deje aconsejar.
Que me “cuadre” y se deje “cuadrar”.
Que me cele y que se deje celar.
Que me extrañe y haga que lo extrañe.
Que me acompañe y se deje acompañar.

En pocas palabras, un amor de verdad. El resto son detalles.

sábado, setiembre 08, 2007

Yo confieso, he odiado

No me siento orgullosa, ni mucho menos gratificada; pero tengo que admitirlo públicamente.

Siempre me caracterizé por llevar las cosas con mucha diplomacia y entender con cierta calma las cosas que me sucedían (y vaya que sí me he dejado llevar con naturalidad por la corriente del caos!). No sé si porque me acostumbré a que las cosas no me importaran tanto o porque de verdad entendía y aceptaba las cosas que venían.

Como sea, mis frustraciones y disconformidades llegaban como máximo a una soberana rabieta, algunas veces con lágrimas de cólera y sensaciones de ahogo. Nunca me descargaba con nadie y menos con la causa (persona, situación, lo que sea) del asunto. Hasta que se me rompió el corazón y todo el trabajo de años en controlar mis reacciones y comportarme siempre a la altura de las circunstancias se fueron al desagüe (por lo menos con la rana).


Lamentablemente las personas, sobre todo las mujeres, tenemos esta facilidad para desarrollar amor - odio, nos aferramos a cosas que no pueden ser y nos torturamos sintiéndonos culpables. Eso a veces nos lleva a hacer cosas irracionales, que al fin y al cabo son muestra fehaciente de nuestra humanidad. Este correo fue escrito una madrugada de tantas, en las que no supe qué hacer con todo lo que sentía.

Precaución: leer y comentar con cuidado - corazón aún ligeramente sensible


Igual te "odio"

te "odio" por ser tan racional
te "odio" porque cada una de tus palabras últimamente simplemente me fulminan
te "odio" por decir que no funcionamos a pesar de que me quieres
te "odio" porque te quiero
te "odio" porque te extraño
te "odio" porque me importas
te "odio" porque no puedo verte sin querer decirte "amor"
te "odio" por negarme un beso
te "odio" porque salvar nuestra historia estuvo a una "disculpa" de distancia; pero no la dijiste, porque no la "entendiste"
te "odio" porque nunca pude regalarte la fiesta sorpresa que iba a planear con tu mejor amiga
te "odio" porque sigues incluyendo a "esa" en tu vida y me muero de la rabia
te "odio" porque sé que terminarás intentando salir con ella y entonces "tendré razón"

Pero no te preocupes, también me odio

me "odio" por quererte
me "odio" por preocuparme por tí
me "odio" por no poder entenderte
me "odio" porque te extraño
me "odio" porque no fui suficiente para que hicieras un esfuerzo (el que yo pedía a gritos silenciosos)
me "odio" por no poder sacarte de mi vida

jueves, agosto 30, 2007

El sol brillará mañana…

Dios te da y también te quita. La felicidad nunca es completa. Existe algo que se llama balance. Menos mal. Aunque ya ni sé.

Hace un mes se me ahogó el alma. A nivel personal, digamos que allí ando. No muero, pero tampoco vivo.

Misteriosamente varios “proyectos” empezaron a encaminarse de pronto, y aunque no puedo permanecer indiferente e ingrata con la vida, no sé si tomar esto como el balance o la “cachita”.

Para muestra siete botones:

1.- Mi tesis, que tiene casi tres años de concepciones y abortos, pudo tomar forma nuevamente al tener una aprobación de parte de una empresa para tomarlos como caso de estudio. A esto vino amarrada la decisión de ser informáticamente independiente, léase la nueva PC.

2.- Mi alocada y encantadora asesora, que antes no era y ahora si pudo ser, se encuentra manejando actualmente un par de cursos que me interesan mucho para dirigir prácticas en la universidad. Además que mi jefe dicta en otra universidad que también pone.

3.- Mi familia, la disfuncional, ha encontrado el cauce armónico después de tres años de locura. No sé si es un efecto temporal o no, pero el ambiente que se respira es casi como a flores del campo ¿me explico?

4.- Yo, la más debilucha e indisciplinada, me siento más fuerte. Como recién salida de un proceso de empowerment. He regresado a ciertas rutinas muy mías y (oh sorpresa!) están ligando.

5.- Mis finanzas, las irremediables finanzas que son un dolor de cabeza desde hace cinco años, encontraron una salida tan increíble como inesperada. Estaré limpia de polvo y paja mucho más rápido de lo que jamás imaginé.

6.- Los trámites internacionales también empezaron a tomar forma. Con un poco de paciencia, podríamos tener en mediano plazo, dos años tal vez, catarsis desde las Europas y muy bien acompañada felizmente.

7.- La última, y más sorprendente, fue el reconocimiento al esfuerzo chambístico, que no se había dado jamás (algunos recordarán por qué nació este blog). Llegaron aprobaciones de iniciativas propias, su auspicio y su ajuste $$$. Además que se vienen cositas interesantes y auspiciosas, con viajecitos y nuevas oportunidades.

No soy de las que se deja llevar por estas cosas. Por eso siento como si alguien me estuviera tratando de decir con ironía “mamacita: el mundo está compuesto de muchas más cosas que las emociones de la gente”. No lo niego, pero siempre me resistiré a “medir” mi vida en logros. No me imagino con miles de títulos, cargos de responsabilidad extrema y tanto dinero que no me permita disfrutar de mi familia (la que yo formaré). Creo que mi vida perdería mucho sentido.

Prefiero tomar toda esta sucesión de eventos como necesarios para algo más (personal obviamente). Como dicen los chinos “nada es bueno ni malo en si mismo, solo hay que sentarse a esperar”.



¿Cuánto te apuesto a que mañana sale el sol?

Por lo pronto, te apuesto que será el .

Blog Day 2007

sábado, agosto 18, 2007

Hasta los príncipes más encantadores se convierten en ranas

Hace mucho mucho tiempo, en un lugar muy lejano, me reencontré con un conocido de tiempos mucho más pasados. Salimos una vez, y si bien no me cayó mal, pensé dentro de mí que no me antojaría volver a salir con dicho sujeto. Sin embargo, una movida del destino hizo que quedemos nuevamente por un café y así empezamos a frecuentarnos.

Al principio, debo admitirlo, tomé la relación de la manera más light posible. A pesar de que era mi date exclusivo, preferí no comprarme el cuento de pajaritos y romances primaverales que duran toda la vida. Así pasaron los meses y yo seguía esperando que el fulano desapareciera. Finalmente, pensaba, así funciona el mundo: affairs vienen, affairs se van. Sin embargo, no sucedió entonces.

A los seis meses, gracias al comentario reflexivo de una amiga muy querida, caí en cuenta de que tenía una relación. Y bueno, empecé a tomarme las cosas más en serio. Sobretodo porque me sentía enamorada.

De hecho, para mi todo este rollo de los compromisos era complicado. Mi preocupación principal era que alguien adquiriera “obligaciones” conmigo porque lo había ofrecido así, porque un papel lo decía, porque el entorno lo esperaba, o por alguna cosa de esas; en lugar de hacerlo por cariño, porque le nacía, porque se sentía cómodo o porque sencillamente le daba la gana.

En cierto sentido, creo que los papeles, los “compromisos” y las “obligaciones” empiezan a deteriorar las relaciones y sobretodo hacen que los implicados se sientan más seguros de la presencia del otro, del cariño del otro e incluso de la felicidad del otro. Muy por el contrario, todas las relaciones deberían ser cultivadas en cada momento. Nadie está fijo para nadie, por mucho que queramos.

Una de las primeras muestras del inicio de la seriedad, fue que empezaron los problemas. Me sentí muy aliviada de abandonar esa “racha” de perfección que rodeaba nuestra relación. Una situación así solo reflejaba indiferencia de mi parte. La reflexión era: “¿por qué me voy a pelear con este tipo si no vamos a estar en seis meses? Mejor respiro, actúo como si nada hubiera pasado y llevamos la fiesta en paz”

Mi marinovio me parecía encantador: atento, divertido, comprensivo, interesante, culto y cariñoso. Aunque tenía algunos issues que no me fascinaban precisamente, podía vivir con ellos y hasta reírme de lo sacados de contexto que podían llegar a ser.
Finalmente, a mi me llaman la atención los chicos proactivos, inteligentes, con hartos proyectos, o los locos.

Me sentía feliz y afortunada. Disfrutaba como nunca los momentos a su lado. Cedí un montón. Intenté incorporar en mi vocabulario sinónimos de “relación”, “compromiso”, “planes”, “futuro”, “familia”, que meses atrás sencillamente me producían náuseas y mareos. Sentí que valía la pena el esfuerzo. Por primera vez en mi vida quería arriesgarme a construir algo con alguien. Y, de verdad, repito, me sentía feliz.

Veía frente a mí al hombre con el que probablemente podría fabricar un espacio nuestro. Donde mandaran nuestras reglas y nuestra forma de vivir. Sencillamente, me parecía maravilloso, idílico, de cuento de hadas. Me encontraba más que complacida con la idea. No podía creer que después de tanto patán, por fin llegara el príncipe azul, mi príncipe azul.

Sin embargo, había un detalle que no me terminaba de cuadrar. Era demasiado sociable. Pero más que real, era virtual. Tiene una facilidad para hacer amigos en Internet e incluirlos a su círculo habitual muy rápido. Yo soy un poco más reservada. No menos sociable, pero la gente que entra a mi rutina tiene que ser muy especial y forma parte de un grupo que no alcanza las siete personas y que suele ir rotando de acuerdo a las vueltas que da la vida.

El equilibrio inicial de: yo salgo con tus amigos, tú con los tuyos, sin malos entendidos, se rompió cuando durante un viaje que realicé, el jovencito salió con una chica que conoció por Internet. El asunto no habría levantado tanta alerta si es que cuando lo llamé casualmente durante su salida no dijo “amor”, ni le cambió el tono de voz, ni tuvo ninguna de las reacciones que solía tener cuando conversábamos. Poco después el señorito “olvidó” (o eso dijo) que teníamos “planeado” ver una película y no se le ocurrió mejor idea que ir a verla con la señorita en cuestión.

Mi paciencia se estiró (por esa enferma obsesión de ser una marinovia comprensiva). Una conversa medio aclaratoria, hizo que tolerara convivir con el asunto. Finalmente, la tipa era su amiga. Pero la tregua no duró mucho y se generó un break en el que el marinovio aprovechó para incluir sus motivos de tal manera que la balanza se inclinara a su favor. Al cabo de unos días, decidimos equilibrar las cosas y supuestamente cada uno pondría de su parte.

Pero la discusión por el mismo punto se daba a razón de una por semana. Porque la señorita le escribía dedicatorias y comentarios en internet y él veía peliculitas en su casa ¿perdón?

Lo que más me estresaba era la postura de la señorita. Es decir, si cualquier mujer se hace amiga por Internet de un tipo que declara abiertamente ser marinovio de alguien y lo frecuenta a razón de dos veces por semana, tiene dos opciones de pensamiento: o no entiende cómo funciona el mundo o lo hace a propósito.

Dado que, en medio de todo, el niño se aburre con la gente estúpida, gana la segunda opción. Aunque no se descarta la posibilidad de que le hayan vendido el cuento “a mi marinovia no le importa”. Entonces si podría ganar la primera opción. En fin.

El colmo de los colmos fue un fin de semana, cuando el jovencito se fue al teatro con ella (a una obra que íbamos a ver juntos, pero que durante el break vi con un amigo de toda la vida). Accedí por lo anterior con la condición de salir después de la función, hasta lo apunto en su agenda (también virtual). Entonces aproveché para salir con un amigo del trabajo a ver una peli mientras (finalmente no me iba a honguear en mi jato un sábado por la noche).

Llegada la hora aproximada en que lo vería, llamé y ¡oh sorpresa! No contestaba el celular. De hecho, no lo contestó durante casi una hora. Para entonces mi amigo ya había tenido que irse y yo me encontraba escuchando música en un bar.


Naturalmente estaba fúrica y sobretodo dolida, porque aunque el jure y rejure que no pasó nada, y suene completamente inverosímil le creo; no tuvo la delicadeza, ni la consideración de llamar o esperar mi llamada, o de coordinar una salida saludable, a fin de cuentas: de manifestarse. Lo peor de todo, ni siquiera se estaba dando cuenta de hacia dónde se estaba dirigiendo todo. Fue incapaz de ceder, de ver, o lo que sea. Y bueno, se acabó todo.

El episodio final fue solo una muestra de lo que se arrastraba hace tiempo. Sus prioridades eran otras y por más amor que le tuviera, primero estaba el amor hacia mi misma, que incluye una generosa dosis de autovaloración.

Ahora que las aguas están calmas queda la reflexión ¿no me quise dar cuenta de que no era? ¿parecía pero no era? o si era ¿regresó a su estado original?

¿opiniones?

domingo, agosto 12, 2007

Manifestaciones de un corazón roto

Poco tiempo antes de terminar con mi marinovio, tuvimos un break de días, que fueron para mí tan desastrosos que me hicieron pensar en una separación definitiva. No me equivoqué demasiado, esa llegaría al mes aprox.

Entonces, a pesar de que la situación estaba muy jodida, pensé que aún podía hacer algo para salvar la relación. Era consciente de que había un problema, pero en mi balance de positivos y negativos aún existía inclinación a favor.

El no estar para nada conforme con lo que estaba pasando me llevó a experimentar en un tiempo record de cuatro días, todas aquellas reacciones que nos pueden suceder a las mujeres en estos casos.


1.- Negación. Pocos minutos después de la dichosa “conversación” sencillamente no podía creerlo. Me encontraba en tal estado de shock que simplemente me quité el maquillaje y me eché a dormir.

2.-Bajón: A las 7am del día siguiente empezaron a retumbar entre sueños todas las palabras que dije y las pocas que le dejé decir. Veía pasar ante mis ojos como una película las principales escenas de esa noche. Casi sin conciencia, empezó el llanto incontrolable. No lloraba así desde que tenía 20 años, y si mal no recuerdo fue por el mismo motivo. Lo que no sabía era que la variable se mantendría fuerte por lo menos dos días más.

3.-Sensación de ofensa. Dado que no entendía cómo los motivos que me habían dado eran tan inconsistentes, para mí; me sentía realmente ofendida. No me cabía cómo EL hubiera sido capaz de hacerme eso a MI (¿les suena conocida?). Sobre todo, después de conocerme tanto y habernos querido tanto. Eso también me hacía llorar.

4.-Ira: Obviamente, la pena se convirtió rápidamente en cólera, y de la brava. No conforme con acumular bilis dentro de mí, decidí salpicársela. (no es lo mejor, pero a veces pasa)

5.-Reflexión y panel de opiniones: Entonces eché mano de mi mejor activo MIS AMIG@S, y sentí la tranquilidad de su opinión, la compañía de su apoyo. Sentir amor cuando crees que lo has perdido es muy importante.

6.- Calma: Algo de respiro. Ser adulto tiene sus ventajas. Se puede pensar en algún momento, y si bien la tristeza continúa te das cuenta de que la vida sigue, y sigue bien (prácticamente hablando).

7.- Ocupación de la mente. Pero pensar demasiado en eso tampoco es una solución, porque tortura. Entonces te llenas de proyectos y cosas extra. Todo lo que querías hacer.

8.- Ocupación del cuerpo. No solo hay que pensar, sino hacer. Entonces empiezas a llenar la agenda con todas aquellas cosas que pensabas hacer.

Lamentablemente, el listado anterior no está ordenado ni mucho menos. Se puede pasar a cualquiera de los numerales con criterio aleatorio. En mi caso, regresé con mi marinovio mientras atravesaba el punto cuatro. Lo increíble para mí fue cómo todo eso me pasó en cuatro días.

Hace poco vi “una novia errante” y, sinceramente, llegué a un estado de indignación tal durante su emisión que casi me voy de la sala (también por otros motivos, pero será motivo de otro post).

La protagonista se caracteriza por la inconsistencia del dolor. Luego de que el marinovio la terminara, plantara, humillara y demostrara con creces que no quería una relación, o por lo menos no con ella; ella guardaba la esperanza de que recapacitara y lo llamaba, a veces con ganas de arreglar las cosas, otras echándose la culpa, otras haciendo el esfuerzo por ser “la comprensiva”, otras pidiendo disculpas, etc; todo con su salpicadita de insultos, berrinches y demás.

Me escupió en la cara todo lo que estuve muy muy cerca de hacer y, obviamente, no me interesa en absoluto. Aunque en realidad entonces yo me quedé más con la última actitud.

El dolor hace muchas cosas en las mujeres, pero sería bueno que nos diéramos cuenta que no nos puede hacer perder la dignidad. Por mucho que amemos, merecemos que nos amen igual; y si vemos que no es así, es mejor tomar distancia.

lunes, junio 18, 2007

Una cuestión de ritmo

Mis gustos musicales son muy variados. Dado que me gusta demasiado bailar, no tengo ningún problema en hacerlo con cualquier tipo de música y eso pasa por valses criollos y de salón, baladas, salsa, electrónica, reggaeaton, cumbia, marinera, zamacueca, huaylash, saya, etc.

Por épocas predomina en especial algún tipo de música. Los géneros más recientes fueron el reggeaton y el latin pop, sin embargo esto cambió hace más o menos un mes. Desde entonces mi “radio de cabecera” se volvió Radiomar Plus (si, si, la que dice “categóricamente superior” y “ay qué rico”).

Me sentía de un humor espectacular al despertar con Celia Cruz, Hertor Lavoe, Willie Colón, Oscar de León, Rubén Blades, el Gran Combo y las estrellas de la Fania. Inexplicablemente me sentía recargada, con pilas y, obviamente, con ganas de bailar. Así salía a trabajar.

Las últimas dos semanas anduve de vacaciones (las primeras de mi vida, por cierto, pero ese es otro tema) y obviamente con harto tiempo para pensar. Una de las primeras noches me cogió un insomnio bravazo y vinieron en avalancha una serie de recuerdos, sentimientos y pensamientos. Todos ellos relacionados en simultáneo con mis padres, mi familia, mi niñez, el colegio, la universidad, mis chambas, la tesis, mi novio. Mucha carga emocional junta.

Pero las escenas más jodidas estaban relacionadas con los tres primeros tópicos de la lista y todas ellas tenía en transversal algún motivo salsero. Entonces decidí focalizarme en ese detallito. El enorme vacío en el estómago y esa inconmensurable sensación de nostalgia y angustia se volvieron casi constantes.

Pues si, el asunto me resulta muy polar. La salsa dura, con todas esas canciones y esos cantantes me hacen recordar escenas muy felices y me genera una nostalgia enorme.

La primera y quizá la que más tristeza-alegría me provoca es la escena de mis padres bailando juntos en algún cumpleaños familiar, cuando a mis seis o siete años creía que era la pareja perfecta. Eso es algo que hacen hasta ahora aunque yo considere, a mi humilde entender, que su relación ya fue (ni se hablan).

Luego vendrían las reuniones domingueras, cuando mi familia extensa tampoco tenía tantos problemas, no se habían enfermado los que ahora lo están, no se habían ido los que ya se fueron, cuando se les veía con tanta energía a pesar de todo (porque siempre hay problemas). Cuando mi mayor preocupación era que la parrillada del domingo terminara máximo a las 8 de la noche para que pudiera dormir lo suficiente y levantarme super pilas para ir al colegio el lunes tempranito. Eran buenos tiempos.

Lo malo es que insistía en aferrarme a ellas, cayendo en la necedad de querer que todos sean felices todo el tiempo. Como si fuera posible. Entonces me di cuenta que tal vez sería un pretexto para no buscar mi felicidad. Para no bailar mi propio baile, que es el que ahora me quiero inventar.

Buscar mi propia sensación de alegría, de tranquilidad, al entrar en una burbuja propia en la que comparta la atención a los movimientos para llevar y dejarme llevar. Lograr la coordinación que ofrece un espectáculo armónico que permite también que cada uno brille con su propia luz. Es solo cuestión de ritmo, y de práctica.

viernes, junio 15, 2007

Reflexiones musicales

Encontré esta letrita de una canción de moda. Algo de reflexión al más puro estilo de esta catártica: ni tan tan, ni muy muy.

Confío en tí

Aunque la vida me cambie los pasos
luego el destino me cruce los brazos
y hasta mi orgullo se caiga a pedazos
yo confío en ti

Aunque me falten caricias y besos
porque tu amor no lo das en exceso
esta ilusión se me queda en suspenso
yo confío en ti

Aunque en el fondo tenga mis temores
y sienta miedo a sufrir mis errores
por el dolor de los falsos amores
yo confío en ti

Aunque me digan que voy al fracaso
y que no me ando contigo despacio
no cambiaré, no haré caso
porque yo confío en ti

Coro:
Confío en ti
porque se que no vas a hacerme daño
si esta vida esta llena de engaños
sobra razón para confiar en ti

Confío en ti
porque eres tú mi amor eres mi calma
la fuerza que me mueve el alma
la paz que hay en mi corazón

Confío en ti
y aunque todo el universo no quiera
aunque en el fondo no seas tan sincera
confío pero a mi manera
(BIS)

Confío en ti
en nadie más que en ti
solo en tí, solo en ti!
en ti va toda mi confianza
porque tú eres mi esperanza
para vivir

Confío en ti
en nadie más que en ti
solo, solo, solo en ti! solo en ti!
aunque no seas tan sincera

todo te lo creyera
claro a mi manera

Confío en ti
de veras,
en nadie más que en ti,
solo para tí, solo en tí!
porque tu amor no es falso nena
y eso es importante para mí

Confío en tí
confio en ti porque si, en nadie más que en tí
sin ti no puedo vivir, solo en ti!
voy a confiar solo en ti
voy a poner un pedazo de mi
en tus manos para ser feliz

Dale pa´lante que voy a mil

Bueno qué le vamos a hacer, si yo soy así

Yo soy así, confiao
con un ojo abierto y el otro cerrao
uno cerrao que te está soñando
y otro te mira de medio lao

Yo soy así, confiao medio virao
con un ojo abierto y el otro cerrao
si! pa que recuerdes que estoy encallao
pa que no pienses q estoy mareao

Yo soy así, confiao y equivocao
con un ojo abierto y el otro cerrao
porque la confianza dice que el peligro amenaza
y hay que estar bien preparao

Yo soy así,
Con un ojo abierto y el otro cerrao (4 veces)

Yo voy a ti, yo creo en ti,
yo soy así, mami, CONFIAO!

(Explosión Habana)

domingo, abril 29, 2007

De madres e hijos – réquiem para un angelito

Desde inicios de año, la maternidad es un tema que ha estado mucho más presente en mi vida que en cualquier otra época. Además de tener las pruebas de una explosión demográfica en esta ciudad en la punta de la nariz, (sólo hace falta caminar una tres cuadras en lugares concurridos para registrar innumerables “panzonas” y nadie podrá decirme es una cuestión subjetiva producto de mi sensibilidad) algunas de estas “pruebas andantes” decidieron tocar la puerta.


Hace un par de semanas estuve en el baby shower de una de mis mejores amigas de años pasados. Hace un mes aprox, me enteré que otra chica de ese mismo grupo también se encontraba en estado embarazoso. Con lo cual la única fémina de ese grupo sin bebe concebido, ni siquiera en el imaginario mental, era yo.


Algunos recordarán que cuando me leí las cartas a fines del año pasado, la “bruja” no tuvo ninguna delicadeza en sentenciar “quedarás embarazada en Febrero". Lo que no saben es que, a pesar de no vivir regida por este tipo de afirmaciones, el tema me tuvo con cierta paranoia.


En febrero tuve un “accidente” que me estresó lo suficiente, tal vez porque ni siquiera pude tomar medidas de emergencia, como para hacerme ir a la clínica por la dichosa sub unidad beta. Sudé frío. Sobretodo porque además de preguntarme por mí (que estaba aterrada) y por el cachorro, que hasta el momento fueron las únicas personas en las que pensaría en una situación como esa, estaba preocupada por el papá.


Afortunadamente salió negativo y eso me liberó de una serie de rollos que tengo (tenía) al respecto, luego de cinco años de “independencia” masculina, por así decirlo.


Hace algunas semanas mi mejor amiga me confesó que estaba esperando un bebé. Es increíble cómo desde entonces mi perspectiva hacia el tema cambió, a decir verdad bastante. Me sorprendí ilusionada pensando en el nacimiento de la nena (género que mi “visión” me permitió inferir). Seríamos un trío. Tal vez no tendría primos en el corto plazo, pero como buena tía me encargaría de mantenerla entretenida.


Estuve pensando en algún momento qué cosas le compraría para el baby shower y sobretodo qué otras cuando se instalara en esta parte del mundo. Le hablaba, obviamente, ante la mirada atónita de la madre que a pesar de conocer mi lado “dulce y preocupado” nunca había sido testigo de tanta ternura, y menos en una situación como aquella.


Esta semana tuve el segundo ataque de paranoia justificado. Sí, el segundo. Nos sorprendió otro “accidente” con el cual si me arriesgué a tomar medidas, con cargo a tener pésimas reacciones, entre ellas la ineficacia del producto. El proceso no se dio como siempre (si, si. Tampoco era la primera vez que tomaba ese tratamiento) y me estresé.


Así, aproveché el almuerzo del día jueves para ir a laboratorio nuevamente por la prueba en cuestión. Mi actitud me sorprendió a mí misma. Bueno, ese sería el cuarto examen de aquellos que me tomo a lo largo de mi vida. El primero fue a los 20 años, y las cosas han cambiado lo suficiente como para que “ser madre” no sea tan traumático (aunque no deje de serlo). “Que sea lo que Dios quiera” era la consigna.


Tal vez pensaba que sí se cumpliría nuestro sueño de juntarnos un domingo a almorzar en familia. Cada una con su retoño y prepararles brownies mientras ellas harían alguna travesura.


Negativo. Primero el examen y luego el cuerpo se encargaron de evidenciarlo. La sensación de alivio fue distinta: tal vez porque ya no lo sentía como EL problema, sino solo como una situación de re-acomodo. Igual me sentí tranquila de no alterar el statu quo todavía. De hecho, estoy a punto de tomar medidas al respecto. Uno más de estos sustos y terminaré inconsciente en alguna clínica.


Pero… el sueño de los brownies se esfumaría definitivamente. Ahora ni siquiera seremos tres. Hace poco menos de una hora me enteré que la naturaleza decidió privarnos de la tercera integrante y debo confesar que la noticia me deja con mucha pena.


Lo curioso es que aún sin haber nacido me regaló algo muy importante. Me ayudó a encontrar mi actitud de madre. A no dejarla en una simple atracción hacia los niños, que tengo desde muy joven; sino a saber que soy capaz de ver, así no se encuentren actualmente en mis planes, a “mis cachorritos” como personitas que esperan y necesitan de mí.

Gracias angelito, que estés con Dios.

lunes, abril 23, 2007

Contradicciones

Quiero una vida estable, pero detesto hacer planes.
No quiero engordar, pero sigo comiendo chocolates.
No soy mala, pero siempre busco revanchas.
No soy celosa, pero tengo retorcidas estomacales frecuentes.
Quiero estampar a la gente contra la pared, pero respondo con una sonrisa.
Quiero pasar desapercibida, pero no me pierdo una juerga.
Mi comportamiento es muy independiente, pero siempre estoy buscando aprobación.
Quiero llegar a vieja con bodas de oro matrimoniales, pero soy una novia fugitiva.
Quiero ser una abuela con muchos nietos, pero solo quiero tener dos cachorros (si son nenas, mejor)
No quiero ser demasiado mayor para mis hijas, pero proyecto ser madre poco después de los 30 años.


Exijo una explicación!

lunes, abril 16, 2007

Hoy quiero mandar a todo el mundo a la mierda

Mi exceso de diplomacia me está torturando. En algún momento de mi vida decidí renunciar a mis genes belicosos, pero no puedo. Quiero decirle a todo el mundo que se vaya al diablo.

Tengo ganas de gritarle a mis viejos que estoy cansada de seguir pensando en todo lo que se equivocaron con su matrimonio y conmigo. Que deberían divorciarse y vivir en paz por primera vez en su vida.

Decirle a mi padre que no todo se resuelve a gritos, que me muero por un abrazo y que todas mis frustraciones con respecto a mis novios son por su culpa.

Reclamarle a mi vieja por no conocer “la receta” y por no habérmela enseñado. Por ser una niña engreída en los momentos en los que, más que competencia, necesité de una amiga, de una guía.

Gritarle a mis hermanos que me llega que no me hagan caso nunca. Que vivo preocupada por ellos como una cojuda y que ellos ni siquiera voltean a preguntarme cómo estoy.

Es que a alguien le interesa de verdad cómo estoy???
Es que de verdad entienden cómo que me siento???
Es que alguien cree que es agradable querer mandar a la mierda a tu familia? A tu trabajo? A tus amigos? A ti misma?

ESTOY HARTA.
Estoy harta de prestarle más atención a los asuntos de lo que se merecen.
Estoy harta por preocuparme por el resto y que nadie se preocupe por mí.
Estoy harta de tener pinta de “sabelotodo”
Estoy harta de engordar.
Estoy harta de tener hambre de ansiedad.
Estoy harta de desayunar, almorzar y cenar sola.
Estoy harta de no tener tiempo.
Estoy harta de no tener disciplina.
Estoy harta de tener náuseas, sueño y vivir cansada.
Estoy harta de mis tendencias autodestructivas.

En realidad estoy harta de mí. De mi estupidez excesiva, de no saber nunca qué hacer, de llorar todo el tiempo, de vivir estresada sin saber por qué, de no poder con decir con firmeza “no quiero esto” porque ni siquiera tengo claro qué cosa quiero.

Me llega no haber aprendido nunca la maldita “receta”. Me hubiera evitado tantos problemas, tanta tristeza. Pero eso sucede cuando tienes que comportarte como “adulto” porque no existe ninguno a tu alrededor. Maldita sea!

Me jode no haber madurado como debería, no satisfacer las expectativas de la gente, no satisfacer las mías propias. Hoy estoy histérica. Creo que tengo derecho. Estos días han sido una mierda.

martes, marzo 27, 2007

Identidades (parte 2)

No terminé de procesar "making plans" y me buscaron la conversa para hablar de medios masivos. Santo Dios!!!! Tuve que desenpolvar mis arraigadas teorías en contra de la ínfima calidad de buena parte de la programación de los medios nacionales, incluyendo miniseries, programas concurso, programas periodísticos, etc.


Ahora me tocaba comentar cuáles fueron las noticias más importantes del mes. Con lo cual había que redefinir el concepto de "lo importante".

La mayoría citó las ridiculeces de río, la vilipendiada ley de las ONG (como si todas fueran buenas) y el escandalosito video-documental sobre la guerra con Chile. Nadie mencionó la devolución de la bandera con la que San Martín proclamó la independencia, robada y devuelta por segunda vez. Noooooooo, es que esas cosas no son importantes. PLOP!!!

Luego, lo más complicado "redactar notas periodísticas", como si todo lo "noticioso" conisitiera en exagerar adjetivos hablando de maravillosos rescates, ciudades azotadas por devastadores desastres naturales, y por supuesto hablar de hechos realmente escandalosos. Más PLOP!!!

Entonces vino a mi mente un cuestionamiento, tan recurrente como pasajero: ¿por qué estudie mi carrera, si nadie la entiende? Lo bueno es que siempre tengo una respuesta, tan inmediata como sincera, que puede contra todo lo demás: Porque me encanta!

No me importa que toda mi familia me dijera "Ah! vas a salir en la tele!" cuando les dije que iba a estudiar comunicaciones; ni que las agencias de publicidad me hayan explotado, ni que me hayan robado proyectos, ni que el medio sea a veces mediocre, ni que mi empresa quebrara, ni que me haya hecho de cuchucientos enemigos en el camino, en su mayoría empresarios desesperantemente caprichosos.

Eso juntado al asunto de los planes, me hizo reparar en que dentro de pocos años cumpliré 30. ¿Qué se supone que quería yo para los 30? ¿Que quiero yo ahora para mis 30?

La pregunta en el post anterior estaba más orientada a temas académico-profesionales, pero ahora el enfoque se volcaba hacia lo personal, que es en realidad lo que le da soporte a mi existencia. Entonces se hizo la luz!

Algo que me da mucha satisfacción es que si muriera luego de publicar este post, no tendría pendientes. Dije todo lo que debía decir, quise a quienes tuve querer, bese a quienes tenía que besar, agradecí lo que debía agradecer; en pocas palabras, hice todo lo que debía hacer hasta el día de hoy.

Entonces recordé complacida mi respuesta a un pregunta (de tres) que me hicieron en octubre de 2005.


"3.- Cuál es tu mayor anhelo?
Esta si estuvo filosófica, jeje. La respuesta es simple: llegar al
final de mis días y saber q di lo mejor de mí y que todo (todo) salió de la mejor manera posible."


El detalle fue que en medio de estas idas y venidas llegó el dichoso examen final. Mi memoria visual me jugo una mala pasada con una lista de sinónimos y una estructura. Hice links en diagonal con los sustantivos en paralelo y desordené la estructura (con sentido, naturalemente, pero creo que la idea era que siguiera el libro ¿no? :S)

Ahora solo queda esperar que después de tanta sacudida mental, por lo menos apruebe el fucking ciclo.

Wish me luck!