martes, marzo 27, 2007

Identidades (parte 2)

No terminé de procesar "making plans" y me buscaron la conversa para hablar de medios masivos. Santo Dios!!!! Tuve que desenpolvar mis arraigadas teorías en contra de la ínfima calidad de buena parte de la programación de los medios nacionales, incluyendo miniseries, programas concurso, programas periodísticos, etc.


Ahora me tocaba comentar cuáles fueron las noticias más importantes del mes. Con lo cual había que redefinir el concepto de "lo importante".

La mayoría citó las ridiculeces de río, la vilipendiada ley de las ONG (como si todas fueran buenas) y el escandalosito video-documental sobre la guerra con Chile. Nadie mencionó la devolución de la bandera con la que San Martín proclamó la independencia, robada y devuelta por segunda vez. Noooooooo, es que esas cosas no son importantes. PLOP!!!

Luego, lo más complicado "redactar notas periodísticas", como si todo lo "noticioso" conisitiera en exagerar adjetivos hablando de maravillosos rescates, ciudades azotadas por devastadores desastres naturales, y por supuesto hablar de hechos realmente escandalosos. Más PLOP!!!

Entonces vino a mi mente un cuestionamiento, tan recurrente como pasajero: ¿por qué estudie mi carrera, si nadie la entiende? Lo bueno es que siempre tengo una respuesta, tan inmediata como sincera, que puede contra todo lo demás: Porque me encanta!

No me importa que toda mi familia me dijera "Ah! vas a salir en la tele!" cuando les dije que iba a estudiar comunicaciones; ni que las agencias de publicidad me hayan explotado, ni que me hayan robado proyectos, ni que el medio sea a veces mediocre, ni que mi empresa quebrara, ni que me haya hecho de cuchucientos enemigos en el camino, en su mayoría empresarios desesperantemente caprichosos.

Eso juntado al asunto de los planes, me hizo reparar en que dentro de pocos años cumpliré 30. ¿Qué se supone que quería yo para los 30? ¿Que quiero yo ahora para mis 30?

La pregunta en el post anterior estaba más orientada a temas académico-profesionales, pero ahora el enfoque se volcaba hacia lo personal, que es en realidad lo que le da soporte a mi existencia. Entonces se hizo la luz!

Algo que me da mucha satisfacción es que si muriera luego de publicar este post, no tendría pendientes. Dije todo lo que debía decir, quise a quienes tuve querer, bese a quienes tenía que besar, agradecí lo que debía agradecer; en pocas palabras, hice todo lo que debía hacer hasta el día de hoy.

Entonces recordé complacida mi respuesta a un pregunta (de tres) que me hicieron en octubre de 2005.


"3.- Cuál es tu mayor anhelo?
Esta si estuvo filosófica, jeje. La respuesta es simple: llegar al
final de mis días y saber q di lo mejor de mí y que todo (todo) salió de la mejor manera posible."


El detalle fue que en medio de estas idas y venidas llegó el dichoso examen final. Mi memoria visual me jugo una mala pasada con una lista de sinónimos y una estructura. Hice links en diagonal con los sustantivos en paralelo y desordené la estructura (con sentido, naturalemente, pero creo que la idea era que siguiera el libro ¿no? :S)

Ahora solo queda esperar que después de tanta sacudida mental, por lo menos apruebe el fucking ciclo.

Wish me luck!

sábado, marzo 24, 2007

Identidades (parte 1)

Este ciclo de inglés ha sido particularmente conflictivo, no tanto por la gramática, sino por los contenidos, para ser específica: por los tópicos.

MODULE 5: MAKING PLANS
Mi crisis existencial se inició cuando me dejaron por tarea “write about your plans and ambitions”. Ah? Y eso como se come? Cómo se le puede preguntar algo así a alguien que voluntariamente decidió no volver a hacer planes nunca más.


Esa idea me estuvo atormentando varios días. Yo solía tener planes, pero me destruían mucho. Solía ser una nazi conmigo misma. Nunca nadie me torturó tanto. Si no cumplía uno de aquellos detallados puntos en la agenda, que iban desde levantarme temprano y tomar leche en el desayuno, hasta conseguir esa carta de recomendación de mi jefe para aplicar a aquella beca en España, que la empresa financiaba.

Eso sin contar la presión familiar. Nunca entendí de qué me servía ser la niña “perfecta”, esa que se empeñaron en formar y a la que luego, cuando lograba algo, le destrozaban el universo con un par de certeras bombas psicológicas. Si claro, siempre pude devolver el golpe, digamos que mi cerebro funcionaba aparte, pero ¿cómo se hace para que el puñal atravesado no se quede en el vientre de un adolescente?

Hiciera lo que hiciera, siempre estaría mal. Incluso cuando me iba bien. Recuerdo que cuando me contrataron, luego de mis prácticas y pase a ganar el triple de mi sueldo mi padre en lugar de felicitarme, dijo “es que a ti la vida se te presenta fácil”.

Allí decidí irme de mi casa, pero nunca pude, hasta hoy no pude. Siempre lo pienso, y me pregunto ¿por qué nunca puedo?

Esa y otras perlas me marcaron mucho, me dejaron muchos miedos e inseguridades, sobretodo mucha tristeza, a pesar del “gran potencial” que me atribuían alrededor. ¿Cómo era posible que tanta gente me viera virtudes que a mis padres les resultaban incómodas? A mi todo eso me sonaba a palabras sin sentido.

Pero había que hacer la tarea. Y eché mano de aquellos planes que estaban en mi agenda cuando yo tenía 22 años. La adaptación a los 26 dio un resultado muy similar. Me seguían sonando a la oración trillada que no es indispensable para vivir bien. Es que he visto a tanta gente vivir de “ese” futuro haciendo basura su presente y siendo tan infeliz, que buscaré evitarlo hasta que me muera.

Igual me detuve a pensar si debía o no debía tenerlos, renovarlos y/o seguirlos. No solo por el hecho de ser el bicho raro de la clase, sino por esa concreción de mi norte (de hecho, lo tengo, pero no depende de cosas materiales).

Lo peor de todo es que no termine de cerrar ese conflicto cuando llegaron los “mass media” y el terrible “over thirties”

Continuará…

lunes, marzo 19, 2007

Será el otoño...


Este mes ha empezado bastante raro. La luna me tuvo con un poco de mal humor durante los primeros días, que por coincidencia no fueron los más favorables.


El primer lunes llegué tarde a la oficina, después de faltar al inglés, y me recibió la frustrante noticia de la cancelación de mis vacaciones en la fecha que había solicitado (después de semana santa).

El mismo martes mi jefe empezó con una serie de solicitudes y poses de lo más desagradables con respecto a un proyecto que estábamos preparando. De verdad he renegado mucho con ese asunto.

Luego me adjuntaron un proyecto más, de los complicados, heredado de una comadre que estaba saliendo de vacaciones. Harta chamba y todo el fin de semana en la oficina. Es que no solo había que continuar con el trabajo, sino corregir varios detallitos no tan mínimos.

Lo único bueno de esos días fue el regreso de mi mejor amiga. Tuvo que viajar por trabajo y estuvimos completamente incomunicadas durante 6 semanas. La extrañe una barbaridad. Ahora siento completa una parte de mi.

Afortunadamente, hacia la semana pasada las cosas empezaron a componerse. El proyecto de la joda salió cheere, el proyecto extra se entregó, y los míos están encaminados.

Algo que me molestó mucho fue el “gran asunto” que se hizo con los resultados del estudio de la joda. Unas felicitaciones que a mi parecer resultaron innecesarias, por sentirlas poco sinceras. Según otras opiniones, no fue tanto así; pero yo soy muy sensible con esas cosas. Pareciera que mi jefe se dio cuenta de que podía hacer un buen trabajo solo porque otra persona se lo comentó. No me pareció.

Pero hoy las cosas están más calmadas, incluso siento que lo de las vacaciones fue positivo. Hoy se que hubiera sido imposible salir de todas formas, ya que los cronogramas confabularon para que esa semana deba entregar dos informes. Además, ayer decidí cancelar la idea de pasar ese fin de semana con mi familia. Necesito tomar distancia, con urgencia, por lo que una semana más hubiera sido infernal.

Ahora estoy en blanco, pensando qué hacer con mi vida a corto, mediano y largo plazo (cosa muy rara en mí). Por lo pronto, mis vacaciones están pre-aprobadas para mayo y espero tener algo lo suficiente motivador para lucharlas un poco más.

lunes, febrero 26, 2007

Yo l@s mato

Aparte de mis atípicas celebraciones románticas, tenía otros planes para la semana que pasó. Desde que mi marinovio y yo empezamos, en algún momento se coló la idea de un fin de semana juntos.

El día que mi novio preguntó “¿amor cuando tienes vacaciones?” No pude evitar el primer pensamiento de incredulidad. “Quién sabe si para entonces sigamos juntos”. Aunque mi respuesta se amparó en las pocas semanas que llevaba en mi actual chamba y en lo mucho que faltaba para que siquiera la palabra se pudiera combinar con mi nombre en la oficina de administración.

De pronto, llegó el primer fin de semana que había sido considerado como posibilidad. “Duramos, mira tú” pensé. Pedí mi día libre pero no pudimos concretar el plancito del weekend.

Durante el verano, mi novio si tuvo vacaciones. Siempre estratégico, divide su mes en cuatro semanas que toma a una por mes durante los cuatro primeros del año. La primera tanda no salió según lo esperado. Se presentó un tema urgente y debió volver dos días antes de lo previsto. La segunda, que está corriendo, ha sido mucho más manejable e incluso podrá recuperar aquellos días que le fueron vilmente arrebatados.

Entonces faltaba yo.

Ahora con más tiempo en la chamba, esta semana cumplí seis meses, ya disponía de un par de días libres más por aprovechar y me dispuse a organizar mis cronogramas para no abandonar nada delicado y así poder dejar la oficina en paz solo un viernes.

Pero había un proyecto, en realidad dos, que entre broma y broma suponían que yo viajara como apoyo. La fecha, así como mi participación, aún no estaba definida del todo, y en medio de de la incredulidad de que suceda, después de dos meses de postergaciones, y el ferviente deseo de mi compañero para que se concrete, por el mismo motivo, seguían transcurriendo los días.

De pronto la alerta: “Catársis, viajas el viernes” era el primer fin de semana del novio’s holidays y yo tenía además otros compromisos, pero me pareció que era manejable. La idea no me dolía tanto. “Prefiero este fin y no el otro”.

Pero no salió, gracias a la obra y gracia de la fucking bitch. Una niña a la que por alguna razón no se le manifiestan los correos. Tal vez tiene mucha chamba, tal vez; pero es desesperante cuánto puede tardarse una persona en enviar un correo que diga “ok”. Es más, si predetermina su firma, ni siquiera tiene que escribirla.

A la semana siguiente, ya había organizado todo para ausentarme el 16. Incluso el lunes conversé con administración, me dieron el primer visto bueno, lo que significaba un nada despreciable 70% de la negociación. Solo faltaban dos jefes. Obviamente es mejor no solicitar estos permisos con demasiada anticipación, porque muchas memorias a mi alrededor sufren de fragilidad. El miércoles era el día.


Esa mañana me solicitaron para una reunión en la tarde. Nuevamente nos encontrábamos en stand by con casi todo listo esperando el “ok” de la fucking bitch. Eso no habría sido tan malo, total ya casi se convertía en una costumbre, si en esa reunión no me hubieran asignado la responsabilidad del proyecto. Ergo, en la semana que fuera, de todas maneras viajaba yo.

Dentro de mí, albergaba la esperanza de que aquel “ok” tardara lo suficiente para correr el viaje una semana más. Era todo lo que yo pedía. Hace tiempo que no deseaba nada de nada, todo me daba igual, pero ese era mí viernes, mi ansiado viernes.

Bien dicen que cuando deseas algo, la cosa se pone difícil. Sería por eso que ya me había enseñado no desear?

Mandó su maldito correo, no con la anticipación adecuada, pero si con el tiempo justo como para que mi mentalmente rechazada posibilidad contextual, efectivamente sucediera. Ta mare!

El novio tomó la cancelación de los planes de muy buena forma. Tan deportivamente, que hasta me molestó. Si no lo deseaba tanto como yo, pues definitivamente no lo expresaba en la misma proporción.

La madrugada del viernes tomé mi humanidad y la llevé a Piura. La chamba intensa. Día y medio a full. Para mi “buena” suerte toda la gente que me pudiera haber encontrado en esa ciudad no estaba allí. Chess! Así que me la pasé buscando donde comer, porque soy bastante especial para ello.

Las noches piuranas no fueron de las mejores. El viernes no encontré por donde salir, precisamente a falta de guía; y además, el calor y el ruido, de los abundantes motataxis que transitaban por mi hotel all night long, no me dejaron dormir.

Tampoco hice mucho turismo, ya que los atractivos de la región suponían viajes fuera del centro que no tenía tiempo ni ganas de realizar. Francamente, la idea de tirarme solita en Máncora una mañana, pensando que debía emprender regreso a las pocas horas y encima SOLA, no me emocionaba para nada.

Afortunadamente estuve en contacto con la gente que quiero, mis padres, mis hermanos, mis amigos más cercanos, el novio. El teléfono se convirtió en un aparatejo especialmente útil.

El sábado llegó la hora del regreso y como fin de fiesta en la ciudad tuve un maravilloso retraso en la salida de mi avión, nótese la ironía. Ya no tenía hotel, estaba con mi equipaje al hombro, el clima realmente caliente, dentro y fuera del aeropuerto, y yo debía estar allí varada las próximas dos horas.

En mis planes había previsto llegar a Lima a las 8pm, lo que
me facilitaba retomar mis actividades habituales, léase juerguear; pero regresar a las 10 o 10:30pm ya no parecía tan fácil. Sobretodo porque me hubiera gustado retomar mi plan pendiente y aunque sea aprovechar uno de los tres días que hubieran podido ser. Aún no estaban confirmados los días libres extras de mi novio, por lo que ese habría sido su único fin de semana libre.

Para matar el rato de espera, nuevamente hice uso del teléfono. Hablé, entre otros, con mi novio y dijo algo así como “Qué penita, bueno yo ya estoy saliendo para Asia. Ah! Verdad, ayer olvidé comentarte”.

Crash total.

De hecho, en ningún momento habíamos hecho planes en común para mi regreso, y tampoco pretendía que se quedara en casa haciendo votos de redención porque yo no estaba. Pero… pero… cosas de mujeres…

No dije nada, no había nada que reclamar, pero el hígado lo tenía hiper revuelto.

El viaje de regreso, incluido el avión y el taxi hasta mi hogar, lo realicé en un completo estado de furia silenciosa. Pero la historia no terminó allí.

Al llegar a casa comencé a sentir un dolor de cabeza, que en principio atribuí al cansancio y a toda la experiencia del viaje, pero había algo más… A la media hora empecé a sentir el dolor de estómago más horrible de mi vida, de verdad. Era tan intenso que me hizo pedir, en la más profunda de las súplicas, que me aplicaran una inyección. Así se calmó el dolor, pero dejó la secuela de sueño. La noche del sábado y el domingo por completo fueron días perdidos.

Pero yo tenía un día libre: el lunes. Al amanecer me enfrenté a decidir si sería un día de descanso médico o uno de vacaciones. Elegí la segunda opción, me la debía. Pero quería que fueran vacaciones totales.

No quería ver a nadie. Estaba molesta con todo el mundo. No quería ir a ninguno de mis lugares habituales, para no encontrarme con nadie. Necesitaba un espacio de fuga.

Eso hice, pasé el día en un lugar al que hace mucho tiempo no iba, en compañía de un amigo que no veía hace mucho tiempo, que apareció por esos azares del destino. El día me relajó mucho, me lo merecía. Había que salvar el weekend y así fue. Gracias Graidy.

Pero el mal humor me duró aún varios días después. Hasta que me volvieron a decir “Catársis viajas el viernes”, pero esa es otra historia.

Acabo de regresar de Iquitos y es por eso que no pude asistir a la reuna de bloggers. Chicos, de verdad me hubiera encantado estar. Será para la próxima.

viernes, febrero 09, 2007

El inminente 14 de febrero: crónica de mi mejor cita


Desde hace un par de años, por un asunto de chamba, empecé a ver el día de los enamorados como un día de full stress. De hecho, me sentía muy aliviada de tener que trabajar hasta tarde ese día. Era la excusa perfecta para evitar a todo interesado. Me parecía una fecha demasiado comprometedora en una época en la que lo que menos buscaba eran compromisos.

La mayoría de mis días de San Valentín no fueron muy alentadores. Mi primer "14" con novio fue un desastre. El niño fue “oportunamente” castigado por sus padres (creo que no necesito dar mayores explicaciones) y desapareció a las pocas semanas. Las siguientes celebraciones tuvieron un toque ácido: siempre me terminaba peleando con el novio y, francamente, eso no me motivaba para nada.

A ello agreguémosle que hacer cualquier cosa durante el dichoso día se vuelve imposible. Si vas al cine, hay cuchucientos más haciendo cola, (si, dije cuchucientos y no me gusta hacer colas); si vas a comer o a bailar, quién sabe cuánto tiempo esperes por una mesa o por ingresar al lugar; y si se te ocurre caminar ¡olvídalo! encontrarás a medio Perú (ok, ok, medio Lima) pululando por las calles mientras se prodigan caricias apasionadamente (váyanse a un telo! perdón, esos también están llenos ¿no?) .

Mi soltería oficial se inició en el 2001 y a partir de entonces me sentí más tranquila de solo celebrar el día de la amistad. Entonces empecé a organizar juergas en casa y salidas en grupo para esos días. La mayoría, solteros como yo, lo tomaban de maravilla, aunque nunca falta la amiga huachafa que se siente vacía y miserable por no tener un novio para salir el 14. ¡Santo Dios!

La iniciativa se estaba volviendo costumbre hasta el 2004, que a pesar de todo se convirtió en mi mejor 14 de febrero hasta ahora.

Ese día fui plantada por mis amigas de colegio, ya que las señoritas no se animaban a salir "el 14" en un grupo de chicas solas, a pesar de que era un sábado cualquiera. Nueve de la noche y yo estaba en pijama. Me conecté a Internet dispuesta a tener un pequeño break antes de ver una peli en casa y comer canchita.

Entonces lo encontré. Habíamos salido algunos meses, hace varios meses ya. Recuerdo que esa tarde estuvo conectado, pero aparecía y desaparecía. Luego me enteré que su conexión tenía problemas y que cada vez que se le colgaba el messenger era cuando quería hablarme para saber qué haría.

No grabé esa conversa. ¿o si? Chess, debí grabarla. ¿o no?

Le conté mis excelentes planes para esa noche. Al parecer eran los mismos que los suyos. El pobre no encontró nada mejor para matar el aburrimiento que ir al cine solo durante la tarde (no tengo nada en contra de eso, de hecho, lo hago de vez en cuando; pero jamás el 14 de febrero y menos si es sábado).

Me invitó a bailar y naturalmente acepté. En primer lugar, porque era sábado y quería salir; en segundo, porque me encanta bailar; y tercero porque éramos amigos. Aunque también debo admitir que todavía se me caía la baba por este muchacho.

Pasó por mi casa y tuvo la “suerte” de encontrarse a mis padres en la puerta. Mamá, la más alcahueta de todas, me dejó salir de inmediato; papá tuvo algunos reparos (siempre me hace una rabieta celosa cuando conoce a un chico nuevo no amigo). Entonces aún pedía permiso para salir.

Nos fuimos a bailar y, como era de esperarse, tuvimos los primeros problemas de ubicación. Y ahora ¿dónde vamos? Terminamos en un pub miraflorino con las cusqueñas de ley.

La pasamos excelente. Él, que nunca bailaba, ensayaba un merengue animoso, solo para complacerme. “Me enamoro de ella, me enamoro de ella” entonaba coqueto. Tuvimos las conversa más quemada de la historia, sin drogas ni estupefacientes de por medio, de esas que solo tengo con los colegas. Estaba encantada.

Recuerdo también que por aquellos días acababa de alquilar su departamento de soltero, el cual recién estaba amoblando; obviamente me invitó, pero no fuimos esa noche. Malpensados, no era para tanto.

Lo gracioso es que, a pesar de que hablamos sobre por qué nos distanciamos, por qué se fue, por qué murió, etc., yo había ido con la idea clarísima de que al día siguiente el holograma se desvanecería. Suelo ser muy desconfiada al inicio de las relaciones y mi querido muchacho no me había demostrado que podía confiar en él, todo lo contrario.

Aún así me moría por él y hay cosas que el corazón a veces no entiende. Mi estupidez superaba cualquier intento sensato de razonamiento. Sabía que todo aquello podría ser el floro más barato de la historia, pero ¡rayos! cómo me gustaba escucharlo. La noche terminó, con su beso de por medio (obvio, tampoco una es de piedra) y se me removió todo de nuevo.

Para colmo de males, al lunes siguiente
me lo encontré en la calle, por pura casualidad. Maldición! Lima tan grande y yo me vengo a encontrar con este señor un lunes a mediodía, a media cuadra de la oficina de un proveedor, y encima yo acompañada de uno de mis compañeros de trabajo que también lo conocía.

Obviamente, mi suposición fue cierta. Nos saludó, por lo menos educado era, y me trató como si no me hubiera visto hace dos años. Después no llamó ni se apareció de nuevo.

Afortunadamente pude superarlo pronto. Es más fácil pensar cuando la tentación no está al frente.

Lo bueno de toda esa historia fue que ese año rompí mi mala racha. Ya no la pasé mal, la pasé trabajando o no la pasé, pero por lo menos mal ya no. Vamos a ver, San Valentín, cómo nos va este año, que después de muchos, ando con novio de nuevo.

lunes, enero 29, 2007

Después de la tormenta

Luego de aquellos nefastos trece días, la crisis continuó por una semana más. Fueron necesarias intensas terapias en las que repetí la(s) historia(s) una y otra vez. “Todo comenzó cuando yo tenía cuatro años…” Y aunque suene exagerado o poco original: ES CIERTO. Siempre fui inestable emocionalmente y eso no es ninguna novedad.



Como a veces comento con mi querida amiga y psicóloga de cabecera la PR (diminutivo de perra, ella me llama FB de “fucking bitch”, ¿no se nota el cariño?), últimamente ambas andamos con la cabeza hecha bolas. Es que las mujeres somos así, que si es poco ¿por qué poco?, si es mucho ¿por qué mucho? En ocasiones resulta sumamente desagradable.

Creo que la tensión por ese proyecto que no me dejaba vivir en paz me afectó más de la cuenta. Sobretodo porque tuve un par de incidentes con mi jefe que me jodieron demasiado. Solo lo miraba a punto de estallar mientras que en una reunión comentaba sobre los colorcitos de mi presentación y mientras en la otra me apuraba con el informe como si fuera el fin del mundo.

Por un lado, si estuviera revisando una pieza gráfica lo entendería. Allí la tonalidad de pantone escogida o una línea más o menos, SI marcan la diferencia, pero no en los grafiquitos de borrador que había preparado. El diseño gráfico lo dejé hace algunos años, si no me falla la memoria.

Por el otro, toda esa semana tuve régimen de 12-13 horas laborales con el fin de terminar las versiones a tiempo, para que el señor se demorara medio día o uno entero en revisarlas. Entiendo claramente que no es el único tema que ve, tampoco era el único mío, pero si eres consciente de que tú retrasas el trabajo, no es muy “decente” presionar al otro para que se apure.

Afortunadamente salí de esa tortura hace una semana exacta y me siento liberada. Sobretodo porque ahora tengo claros varios detalles de “usos y costumbres” de la empresa y ya me puedo dedicar a avanzar.

Si bien, no tuve la mejor de las suertes con el nuevo grupo de trabajo que me tocó, con gente bien relajada, creo que tampoco fue tan malo. Como todo en esta vida, tendrá sus “contra” y también tendrá sus “pro”. De todas maneras, tengo mucha fe y bueno, todo siempre es susceptible de cambio. Veremos.

Mis nuevos proyectos ya son más motivadores y les estoy poniendo harto punch. Algunos de ellos despertaron luego de un profundo sueño, pero ya cumplirán su misión y se irán por fin. Los otros son completamente nuevos y me tienen super emocionada.



De pronto parece que todo decidió ponerse en orden nuevamente.
Yupi!!!!

sábado, enero 13, 2007

Estos primeros días

Año 2007, día 13. Tal vez sea por tradicional superstición, no parece uno de mis mejores días. Para ser específica, me refiero también a los doce anteriores.

Siendo sincera, no la he pasado mal. Hubieron cosas buenas y cosas malas, como suele ser la vida, pero a diferencia de mi actitud durante el año pasado, estos días me he quedado con la sensación de las malas.

Tuve un año nuevo chévere. Empecé, tal como quería, haciendo cosas nuevas. Si pues, nunca había salido con los amigos del novio (y no me refiero al novio actual, sino en general). La razones son muy simples: algún novio solía ser un antisocial sin amigos, o muy pocos; con otros novios teníamos amigos en común, así que no cuentan; y en general mis novios solían acompañarme a MÍ a las reuniones con mis amigos, que son bastantes y pertenecen a diversos grupos. Punto 1: OK.

Sin embargo, desde el 2 la sensación de angustia se instaló en mi ser, casi una semana entera. Estaba nerviosa, tensa, con ganas de llorar.

El viernes 5, gracias a un simpático virus que recorre mi oficina, caí en cama. Estuve durante tres días con una tos para comercial de jarabe expectorante. Ergo, no hubo juerga de fin de semana, ni playa, ni nada. Un dolor de cabeza que se sentía en todo el cuerpo, con sus momentos de fiebre y la orden de “inamovilidad” diagnosticada por mi médico de cabecera: mi padre.

Supongo que eso incrementó mi sensación de angustia y le agregó algo de tristeza, para que luego la inconformidad se manifestara el martes que regresé a la oficina.

La reunión del miércoles 10 anunció que se aplicarían “nuevas políticas”: no msm, internet restringido en contenido y permanencia, horas de ingreso y salida, incluidos almuerzos, controlados meticulosamente y la formación de grupos de trabajo.

Debo confesar, que a pesar de mi conciencia con respeto a la organización y las reglas claras: NO ME GUSTAN LAS PROHIBICIONES. En general, porque me gusta mi chamba y no suelo webear en ella, salvo excepciones, y porque me parece de lo más infantil, escolar, de kinder, además de restringir nuestra posibilidad de elegir.

Cómo que ya estamos grandecitos para saber que si vamos a una oficina y nos pagan un sueldo es para chambear, señores!

Con respecto a los grupos de trabajo… no sep. Estoy en un momento de definición con respecto a mi orientación dentro de la empresa, por lo que el “equipo” determinaría mi rumbo durante este año. Además hay que considerar el asunto de la química en el trabajo, tanto personal como profesional. Ojalá tenga suerte, porque eso de tener gente insoportable al lado, no es una experiencia que quiera repetir.

Encima estoy enfrascada en un proyecto nuevo que no me emociona para nada, justo de ese rubro dentro de la oficina que no me agrada desarrollar, pero ni modo, es un mal necesario.

Por otro lado, amigos muy cercanos salieron de viaje en los últimos días y con aquellos que llegaron del extranjero luego de prolongadas estadías no hemos tenido tiempo para vernos. Eso me tiene triste también.

Por lo visto terminé el 2006 muy bien, pero empecé
este año medio raro. Mis propósitos han perdido la viada
que tenía el primero. Tal vez sean los rezagos del alpinchismo que me acompaño los dos años anteriores o una desafortunada coincidencia por las cosillas que han pasado durante estos días.

Ojalá me pase pronto, porque no es muy agradable andar así.

miércoles, enero 03, 2007

La última de los astros: Voy a ser mamá!!!

No soy tan supersticiosa, pero...
Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh!!!!!



Eso hubiera querido ser mi primera reacción, pero el sonido no se generó. Solamente afronté una silenciosa caída de mandíbula. Así, mi segunda travesía antropológica añonuevera terminó nada más y nada menos que con la impactante sentencia “Quedarás embarazada en febrero”.

Soy consciente de que estas cosas son solo para satisfacer la curiosidad, pero después de los atinados precedentes de 2006, más vale prevenir…. Así que ando pensando cómo mando de viaje a mi novio o, de lo contrario, dónde encuentro la medieval solución del cinturón de castidad, cuya llave pienso pulverizar.

Lo curioso del tema es que hace un par de semanas una compañera de chamba anunció la próxima llegada de su primer heredero y entonces pensé “supongo que si me pasara no sería tan malo”. Total, ya no tengo 16 años, y creo que si bien no he hecho todas las cosas que hubiera querido, he tenido vivencias bastante adecuadas, que no me dejarían con grandes pendientes conmigo misma.

De pronto me aluciné diciéndole a los chicos del trabajo “señores, pronto serán tíos, vayan preparando el baby shower”. Iría a la oficina con mi barrigota y bueno pues no me haría mayores problemas. Igual continuaría con la idea de seguir estudiando, porque no se trata de un colapso cerebral.

También pensaba que 26 años, o 27, no serían una mala edad. Después de todo, podría ser motivo para replantear algunas cosas y de hecho ello ayudaría mucho a mi desarrollo emocional. Incluso calculaba que debía concebirlo en setiembre, de tal manera que pueda lucir mi panza en la playa y que mayo o junio serían buenos meses para el ansiado nacimiento.

Sin embargo en dos semanas muchas cosas pueden cambiar. Precisamente en ese lapso tomé un par de decisiones que definitivamente no contemplaban nuevos protagonistas. Entonces lo que en un inicio se planteaba como una situación manejable, se convirtió en la más aterradora de las amenazas.

“Qué me haría con un calato” pensaba algo preocupada. Entonces me vino la determinación, que la mayoría de las veces termina en reacciones demasiado prácticas y frías de mi parte: “No hay forma”. Es que cuando estoy asustaba me atrinchero en mis trece y no hay quien me saque de allí. Se sale mi lado calculador.

Despertaron también los egoísmos y volví a pensar sólo en mí, en lo que yo quería, en lo que yo pensaba. Vinieron a mi mente cuestiones tan frívolas como: voy a engordar, la distribución de mi presupuesto se verá perjudicada, se me van a detener los planes, no voy a poder mantener mi feliz vida de soltera, etc.

Reconozco que de primera impresión no estaría afrontando el tema con la real importancia que amerita. Se trata de un ser vivo ¿no? No sería justo para ningún hijo que su madre lo vea como ninguna de las cosas que mencioné.

Por otro lado, en toda esta reflexión ni siquiera tomé en cuenta que el niño tendría un padre y que su coautor también tendría que ser considerado en el paquete. No me quiero casar ni mucho menos. Pero igual “el padre”, si así lo decide, estaría presente en adelante, quién sabe en qué condiciones.

Tampoco sería justo que el inocente cachorro tenga que cargar con relaciones extrañas entre sus progenitores y se deba incorporar a estas familias postmodernas que en general no aportan mucho para su crecimiento.

Conclusión, obviamente no es tiempo de enfrentarme a una situación de ese tipo aún. Es claro que no estoy preparada. Así que si conocen donde encuentro el cinturón, solo por si acaso, me avisan ok?

jueves, diciembre 28, 2006

El dilema del año nuevo

Creo que con el post anterior quedó claro que no soy muy adepta a las celebraciones tradicionales ni mucho menos, sin embargo el año nuevo si tiene cierta importancia, algo esotérica, para mí.



A mis 26 puedo decir que he probado toda suerte de cábalas y/o menjunjes (si, leyeron bien, menjunjes) para recibirlo. Que si el baño de rosas, el calzón amarillo, el calzón rojo, las velas verdes y naranjas combinadas, las bolsitas con lentejas y arroz, (aún no intento aventarme arroz, gracias al todopoderoso), las oraciones con baños de leche y aguas benditas, floridas, de violeta y demás; sin olvidar por supuesto los famosísimos baños en champagne (cual politos mojados), doce uvas, vuelta a la manzana (con o sin maletas), entre otros.

Por lo general, trato de acompañar esas fechas con mi estado de ánimo. Así como suelo estar una semana “como en fiesta patronal” a la siguiente puedo estar sin ningún problema como monja de clausura. Algo así sucedió del 2003 en adelante. Pasé de una semana entera en Arica con una rutina maravillosa que era tomar sol, beber y dormir, y así sucesivamente, a encerarme durante cuatro días en una ceremonia casi religiosa, para luego mimetizarme en una juerga discotequera.

Una costumbre que no poseo es la planificación juerguística y/o añonuevística, si caben los términos. No soy de las que piensa con un mes de anticipación qué va a hacer, qué no, con quiénes, en qué lugar, y mucho menos, qué vamos a comer, qué me voy a poner, ni qué debo llevar para dormir. No es mi estilo. No porque sea desordenada, suelo ser bastante precavida, sino porque detesto el estrés. Prefiero contar con ciertos elementos y actitudes que sean adaptables a la situación. Bien “todo terreno”.

Otra de las cosas que no soporto son los gentíos: ir al mismo sitio al que todo mundo va, el día que todo mundo va, con la misma intención que el resto. Prefiero que ellos se peleen por entrar en ese pequeño espacio “tan adorable” y mientras no reparan en el gran terreno que dejan para mí, y para todos los que no andamos tan afanositos.

Una de mis mejores amigas, muy afanosa ella, estaba persiguiéndome desde hace un mes para un dichoso viaje a Máncora, que Dios mediante podré cumplir en una semana por motivos de chamba, pero entonces no me animaba de ninguna manera. Ahora solo espero no encontrar el balneario destrozado por los estragos añonueveros.

En fin, el hecho es que hasta hace un par de días no tenía la más remota idea de qué sería de mi el dichoso 31, hasta ayer tenía una vaga probabilidad y recién hace unas horas decidí por fin qué hacer.

En algún momento se me ocurrió que podría hacer algo diferente, algo que no haya hecho jamás, pero no tenía en mente una idea muy clara de que sería. Por cuestiones del destino, probablemente si tenga la combinación de la novedad total, ya veremos.

Por lo pronto lo que más me preocupa es llegar a la feria de los deseos, esta vez con su corriente amazónica, a ver qué me depara el 2007. El año pasado los chamanes altiplánicos le atinaron a todititito, así que probaremos una vez más.

Feliz año nuevo!!!!

martes, diciembre 19, 2006

Casi el grinch

Para estar acorde con las fechas debo escribir mi post-queja navideño. Supongo que todos hemos experimentado un cambio con respecto a la navidad con el correr de los años. He aquí mi historia.

Cuando era pequeña adoraba la navidad, como todos los niños supongo. Escribía mi cartita para Papa Noel, previa cita a mi libreta de notas que siempre apestaba a primeros puestos (afortunadamente con los años me libre de la asociación de las cualidades personales con las escalas numéricas) y la dejaba debajo del árbol con la esperanza de que cumpliera mi lista de casi 20 items (ilusa yo).

Para bien o para mal, mis papá noeles nunca se portaron mal. Cumplían por lo menos el 60% de la lista siempre con los regalos top. Mala costumbre de niña de clase media que cambió al llegar la adolescencia. No solo por cuestiones macroeconómicas sino también por la rebeldía propia de mi edad. Así se acabaron las reuniones familiares, los intercambios de regalos y los engreimientos.

Por otro lado, siempre aluciné la reunión en casa de mis abuelos, al más puro estilo de Todinno “cuánta pasa, cuánta fruta”, pero disponía de los protagonistas. Dos de ellos fallecieron antes de que yo naciera y de los dos disponibles, la abuela no era muy expresiva, por lo que no existían tales reuniones, y el abuelo estaba peleado con mi mamá.

De pronto, las celebraciones navideñas se convertían en un espacio de confluencia de cinco tipos de estrés, que la mayoría de veces terminaba en cena-fuga. Porque en nuestro imaginario colectivo la navidad era sinónimo de tres cosas: regalos, familia y cena. Por azahares del destino, lo único inamovible y realmente tradicional en mi casa era la comida.

Hoy en día, ya adulta y en edad de crear mis propias tradiciones asumo una actitud mucho más relajada. Cualquiera diría que como publicista debería asociar por default esta y todas las otras fiestas “familiares” con el consumo. Pero, muy por el contrario, no soy de las que hace compras navideñas, ni por el día de la madre, padre, niño y cuanto invento de celebración existe. En realidad mi vida es algo más sencilla.

La primera respuesta es muy simple: es imposible hacer compras en esas fechas. Todo está más lleno, más caro, más insoportable. Parece que nadie supiera que la primera semana de enero, o la última de noviembre, buscar regalos es mucho menos complicado y hasta más saludable. La segunda: no estoy de acuerdo con “tener” que dar regalos. Definitivamente, me encanta dar regalos, sin embargo creo que son cosas que pueden nacer en cualquier momento.

En estas fechas me parece más importante un abrazo sincero y reales buenos deseos. No creo que haya esperar un solo día para dar gracias, ni para recordarle a tu gente que la quieres.

Feliz Navidad!

lunes, diciembre 04, 2006

Si lo hubiera sabido antes...

Mi autoestima nunca fue de las mejores. Desde muy pequeña, tanto en el colegio como en mi casa, los “adorables” niños que me rodeaban nunca se cansaron de repetirme que no era precisamente la más bonita de las niñas.

Cuando pasé a secundaria, no se me ocurrió mejor idea que hacerme amiga de la chica con la cintura más pequeña del mundo (puedo estar exagerando, pero así lo percibía entonces), por lo que la mayoría de las veces ella era la que atraía todas las miradas del sexo opuesto.

Nunca tuve mucho éxito con los chicos. De hecho, siempre me ilusioné con aquel que no me correspondía en absoluto, simplemente no entraba en sus espectros de acción, y cuando le gustaba a alguien, lamentablemente esta persona no me gustaba. Entonces pensé que tal vez me fijaba en los más bonitos y que ellos no eran para mí.

Llegada mi adolescencia, mi cuerpo empezó a cambiar y desarrollé atributos que llamaban la atención de varios mortales, pero igual me sentía fea, si es que no gorda. El drama se mantuvo durante todos mis años universitarios. A pesar de tener enamorado, con el cual duré más de tres años, justificaba nuestra relación en base al cariño, pero no precisamente a mi belleza y/o atractivo.

Recuerdo que también recibía comentarios en la calle, que iban desde el más galante de los piropos hasta la más vulgar de las groserías, pero igual mi interpretación al respecto no sobrepasaba el “solo ven un par de pechos, ni siquiera soy simpática”. Sin embargo, de un tiempo a esta parte empecé a descubrir que lo que yo pensaba de mí entonces, no era tan cierto.

Hace algunos meses empecé a reencontrarme con compañeros de mis años universitarios y en medio de algunas conversaciones saltaban las confesiones de ese primer escáner que aplican todos los hombres cuando conocen a una mujer. Para mi sorpresa, los resultados estaban un poco más altos de lo que planteaban mis expectativas.

Debo confesar que en algún momento sorprendí a alguno de “los guapos” mirándome, pero jamás se me ocurrió que pudieran hacerlo en serio. Es gracioso tener esa info ahora y no poder evitar pensar “si lo hubiera sabido antes”, “si me hubiera dado cuenta”. Creo que nunca tomé conciencia del momento en el que dejé de ser el patito feo, según ellos.

lunes, noviembre 20, 2006

¿Quién me entiende? De hecho, yo no.

Ayer cumplí dos meses con mi marinovio y nuevamente siento incertidumbre. A pesar de que todo va de maravilla, lo quiero mucho y se que él también me quiere, siento algo raro. Es probable que todas estas percepciones sean producto del tratamiento que estoy llevando por mi malestar. Las dichosas pastillas me tienen en otra y ya no se si soy yo la que habla o es mi otro yo bajo el efecto de los estupefacientes.

Sin lugar a dudas, esta es la relación más real que he tenido en mucho tiempo y ha sido una influencia positiva para mí: he mostrado mi lado cariñoso, tolerante, paciente y racional. El dice que es su efecto, yo creo también que encontró a una catártica decidida a darse una oportunidad.

Lo paradójico de esta relación es que en algunos momentos me da tanta libertad, la cual me encanta y siempre quise mantener, que a veces me deja sensación de indiferencia. No soy precisamente de las que hacen reclamos, y mucho menos dramas, pero de pronto siento la ausencia de algo y me veo tentada a reclamar. Es eso lo que me molesta, ya que según mi lado racional no falta y simplemente debería, como lo hace, fluir.

El fin de semana estuve conversando con mi ex - marinovio y en algún momento me dijo que soy “una personita que necesita mucha atención”. No se equivoca, me conoce. Según él, tarde o temprano desarrollaré necesidad. Por su parte, mi marinovio ve el amor desde una perspectiva más libre, precisamente sin necesidad, y de hecho estoy de acuerdo, de lo contrario no estaría con él, pero a veces pienso que somos demasiado racionales… ya demasiada madurez. No se si es bueno o es malo… pero es.

No puedo negar que estoy tranquila, contenta, feliz. Estoy con alguien que me tiene fascinada con su apertura de mente, con la libertad que me da, que me deja ser yo misma, a pesar de no ser necesariamente igual, y así me acepta y me respeta, y encima de todo me hace sonreír.

“No hay duda. Aparte de vampiro, eres un mago diferente. Convertiste Starbucks en un lugar agradable para mí y provocaste que un café moka me haga preguntar ¿te dije feliz mesario, amor?”

Tiempo al tiempo… la locura, como todo en la vida, también pasa.

lunes, noviembre 06, 2006

Un poco mucho asustada

El día que abrí este espacio, jamás imaginé que escribiría las líneas que vendrán a continuación.



Durante mucho tiempo, creí que lo más importante para alcanzar en la vida era el desarrollo profesional y el establecimiento emocional. Craso error!!! El ser humano es un animal sumamente olvidadizo, no cabe duda. Olvidé lo importante que es gozar de salud. Obviamente, nunca lo sentí como un logro, porque cuando estás sana la mayor parte del tiempo, simplemente lo das por hecho. No es ya una bendición, sino tan solo parte del status quo. Wrong again…

Hace dos semanas me empezaron unos dolores de cabeza terribles, que hasta ahora no tienen explicación médica determinante. Todo apuntaba a que sería migraña, y francamente la idea me tenía espantada. En primer lugar, porque mi calidad de vida se vería, o ya empezó a verse, seriamente afectada y en segundo, más aterrador aún, porque cada uno de los síntomas me hace pensar en tumores cerebrales, hemiplejías e inconsciencia. Supongo que hasta que no tenga un diagnóstico definitivo, me seguiré sintiendo así.

La primera pregunta que me hago es “qué me hice”. Según mi razonamiento, yo soy la causante de tanto malestar. Dicen que la migraña se origina por tensión. Desde un inicio descarté esa posibilidad, porque a pesar de haberme convertido recientemente en toda una workoholic, realmente lo disfrutaba. Creo que por estos días he trabajado bastante, pero nunca en un ambiente tan agradable.

El malestar empezó a preocuparme cuando el dolor fue cambiando de lugar y a adquirir nuevas manifestaciones. Un día empecé a tener hormigueos y sensación de adormecimiento en el lado derecho del rostro y luego de dos más, el dolor-hormigueo fue bajando a la pierna.

Hasta el momento ya se descartaron las cosas graves, tumor no es, pero definitivamente estos síntomas tampoco son para tomarse a la ligera. Afortunadamente cuento con el apoyo de muchos amigos, que están bastante pendientes de mí, pero la sensación de incertidumbre es realmente desesperante.

martes, octubre 17, 2006

Adicta al autosabotaje

Si hay algo de lo que reniego en ocasiones, es de mi irrenunciable condición de fémina. Con esto no quiero decir que no me sienta feliz y orgullosa de ser mujer. Sin embargo, luego de crecer rodeada de hombres y valores masculinos, toda mi ideosincracia, razonamiento e independencia se orientan hacia el comportamiento de un niño.

De allí que en ocasiones me sienta bastante ridícula cuando padezco de aquellos terribles males femeninos que, a mi entender, son bastante esotéricos. Cuántas veces te ha pasado despertar temprano por la mañana, mirarte al espejo y sentirte la peor mujer del mundo, la más fea, la más gorda, la más tonta, la que tiene el cabello menos dócil y manejable, en resumen, no te aguantas. Las mismas veces, te lo aseguro, esta visión propia no corresponde a la realidad.

Justo ese día, tu jefe te sorprende con alguna felicitación, tu novio con un detalle inesperado y el admirador, que nunca falta, con algún piropo simpático y coquetón. A pesar de todo ello, tú te sigues sintiendo un desastre. Crees que no lo mereces o que lo dicen porque te están viendo tan mal, como tú te ves, y están buscando alguna forma de subirte el ánimo.

Stop!!! Eso no lo hace nadie.
Darling!!! Todos tienen sus propios problemas y no van a dedicar más atención de lo necesaria a nada, ni nadie, que no lo merezca.

Otro de los tópicos recurrentes es “nadie me quiere” Ni tu madre, ni tu padre, ni tus hermanos, ni tus amigos, ni tu novio. Entonces? Por qué te dedican tanta atención cuando te sientes mal o por qué están pendientes, muy a su manera claro está, de todo lo que te sucede?

Algo así me pasó el fin de semana. Después de pasarla espectacular con mi casi novio, me volvieron las inseguridades. Que si no es, que si no soy, que si sus amigos, que si los míos, por qué no hace esto, por qué si hace lo otro, por qué yo hago tal cosa, por qué no hago aquella. Pero… si se lleva mejor con sus amigas, si no soy lo que espera. Oh no! ya lo asusté, o lo haré pronto. Justo ahora que ya no la quería volver a fregar.

Y así por el estilo, una total crisis sin sentido, a mi humilde entender. En ningún momento hubo nada distinto en el ámbito de lo real, ni por mi parte, ni por la suya. Todo era un rollo meramente perceptual, y encima distorsionado. Sin embargo, quién diablos me quitaba lo mal que me sentía. Media noche sin dormir, dándole vueltas a algo de lo que no tenía por qué preocuparme, por lo menos no ahora.

A eso súmale que era totalmente consciente de ello y que además de sentirme mal por mi crisis sin sentido, me sentía mal por el hecho de tenerla y no poder controlarla. Cómo me llega comportarme como una niñita!!!!

Mi amor dice que poseo una tendencia al auto sabotaje. Según él, cada vez que veo que las cosas están bien, pateo el tablero; porque no quiero confiar, porque no quiero perder el control, porque quiero dominarlo todo, todo el tiempo, porque no quiero abandonar mi egoísta status quo. Podría ser. Después de cinco años de relaciones efímeras: las cortas por cortas, las largas por inconsistentes; no es de extrañar que llegado a cierto punto no sepa manejar la situación.

Con respecto a lo otro, mi amor dice que es una coraza que adopto frente al mundo para hacerme la fuerte, la dura, la insensible, la independiente. Jelou! Mencioné que fui educada casi como Lady Oscar???

La consigna, obviamente, es ser cada vez mejor, por mi propio bien. Imagínate, no es saludable tener ese tipo de malestares cada dos semanas. Además sería interesante encontrar un equilibrio entre mi masculina femineidad. Seguimos trabajando.

viernes, octubre 06, 2006

Otra vez me quisieron cabecear

Justo cuando pensé que esas cosas no me volverían a suceder, me cancelaron de una sola la ilusión de la victoria.

Hasta hace dos meses tenía el dinámico ritmo de un trabajo a tiempo completo, dos a medio tiempo, una asesoría, el gimnasio y, de vez en cuando, salía con un simpático muchacho. En vista de que la vida no me alcanzaba, y considerando además otros factores, algunas cosas cambiaron: me quedé en el trabajo de tiempo completo, dejé uno de los trabajos a medio tiempo, el otro trabajo de medio tiempo lo convertí en cuarto de tiempo, sigo con el gimnasio -mi vicio- y ahora salgo de manera regular con un hombre adorable.

Precisamente el proceso de abandono de uno de los trabajos de medio tiempo es el que ahora me hace escribir estas líneas, producto de mi total indignación.

Este proyecto se inició hace varios meses, uno de mis clientes me recomendó ante esta señora que tenía un negocio que quería mejorar. La señora era todo un personaje. Una nueva rica, bien entrada en sus treinta y tantos, rubia y ojiverde con su plata, con unas bubis que parecían compraditas también y un look de lo más neoyorkino escandaloso: las botas de piel de cocodrilo, con cadenas en el taco, cinturones de hebillas enormes y casacas con pieles en el cuello.

Nuestras primeras impresiones fueron bastante buenas. A pesar de su inexperiencia en el tema, se le notaba abierta a las propuestas y a dejar trabajar a la gente que contrataba. Lo cual me proporcionaba cierta tranquilidad. Por mi parte, yo venía recomendada así que contaba con garantía de un buen trabajo. No puedo negar que en esa reunión, la señora dejo escapar algunos comentarios que dejaban muy en claro su condición de nueva rica sobretodo en cuanto a educación y cultura, pero bueno “nadie es perfecto” pensé.

El primer día de trabajo me encontré con otra sorpresita, que en realidad funcionaba más como explicación, conocí al esposo. Un general en retiro, por lo menos veinte años mayor que ella, con quien tenía un hijo de siete años aproximadamente. Este sujeto era nada más y nada menos que su segundo compromiso. No quiero ni imaginar como era el primer esposo. El asunto es que este señor aportaba todo el capital para implementar este negocio. Lo cual, a mi entender, se resuelve con un simple “el que puede, puede”.

Las primeras semanas fueron bastante buenas. Mucha comunicación, mucho trabajo, mucha colaboración. Me sentí muy cómoda y hasta le estaba cogiendo cierto cariño a la señora y a la empresa. Lamentablemente, poco a poco esta señora mostró dos debilidades importantes:
1.- metía a toda su familia en el negocio que el esposo le financiaba
2.- era muy influenciable por toda esta gente, que al igual que ella no tenían la más mínima preparación para dirigir una empresa.

Es que lo malo no es ser nuevo rico, lo malo es que los hermanos y familiares externos crean que ellos son ricos también. Entonces se empiezan a sentir los “dueños del fundo” y allí empiezan los problemas.

Justamente esto fue lo que sucedió. Al principio intentó que trabajara con un sobrino suyo que, sinceramente, conocía muy poco del asunto que veníamos a solucionar. Entonces preferí trabajar con mis propios contactos en busca siempre de un trabajo de calidad, y así fue. Obviamente, esto no le cayó muy bien. De pronto empezaron comentarios de que “muy caro”, “mucho tiempo”, entre otros argumentos sin razón.

Luego, mi decisión de recortar mis actividades que suponía una asesoría de menos horas de duración, con el respectivo ajuste de presupuesto a su favor, fue más que acertada. Le quité la oportunidad de decir, me cobras muy caro. Y así quedamos.

Cómo durante todos esos meses no tuvimos problemas, obvié ciertas formalidades con respecto a mis pagos. Nada grave, pero que en otra situación hubiera elaborado con minucioso cuidado. Incluso en esa segunda etapa, tampoco tuve problemas hasta que el proyecto llegó a su fin.

Mi labor terminaba con la supervisión de un evento y ese mismo día lleve mi dichoso recibo por honorarios. Era claro que no esperaba que me paguen ese día, pero estaba el documento listo para que lo pudieran programar.

Así pasaron dos semanas. Tiempo prudente para una programación. En una de mis llamadas me informaron que la señora estaba de viaje y que el responsable del pago era su hermano, encargado de la contabilidad. Entonces me comuniqué con él. Qué experiencia tan desagradable!

El hermano este no tuvo mejor idea que argumentar de la manera más prepotente “escasez de liquidez”. Si claro, justo con mi factura más pequeña, cuando ya casi no voy a esa oficina. No contento, cuando le pedí una fecha aproximada de pago me dijo “no sé” ¿Ah? Y para rematarla, sugirió que mi trabajo con ellos se debía que no estaban contentos. Nada que ver con la realidad. Como si fuera poco, no se le ocurrió una mejor forma de finalizar la conversación virtual, vía msm, que decir “tengo que trabajar”. El colmo!!!

Naturalmente, puse los puntos sobre las íes y dejé bien en claro qué cosa había sucedido. Además, luego de un simpático copy - paste le envié la conversación a la señora. La pobre, como era de esperarse, tuvo que acceder a dar una fecha de pago, sin embargo no descuidó la oportunidad para defender a su hermano. En fin, contra eso ya nada se puede hacer, pero en el fondo me da mucha pena que la hagan quedar tan mal.

Me sigo preguntando ¿Qué le pasó a este tipo por la cabeza cuando utilizó aquellos desatinados argumentos? ¿Quién cree que es? ¿Quién cree que soy? Definitivamente, la ubicaína debería venderse sin receta médica y como tratamiento preventivo.

miércoles, octubre 04, 2006

No soy machista, pero….


No puedo dejar de reconocer lo importante que es contar con apoyo masculino en momentos de emergencia.

Hace algún tiempo uno de mis mejores amigos anda literalmente perdido en el espacio. Sin querer se involucró en un triángulo amoroso completamente destructivo. Las dos señoritas en cuestión resultaron de lo más manipuladoras e inseguras. Considerando que mi pata, tampoco tiene mucha determinación para muchas cosas, no sorprende que se haya mantenido casi seis meses tratando de complacer a ambas para “no hacerlas sentir mal”.

Debo confesar que no soy ninguna puritana, pero si creo que las personas debemos ser conscientes de los “jueguitos” en los que estamos metidos. Obviamente, ambas chicas conocían de la existencia de la otra y ambas también creían que serían las elegidas sobre “la competencia”, pero mi pata les estaba “dibujando pajaritos en el aire”, en base a sus silencios.

El último sábado nos íbamos a tomar un café, junto a otro amigo más, para “ponernos al día” sobre nuestras vidas y, lamentablemente, en la suya nada había cambiado. Para colmo de males este compañero extra nos dejó plantados por problemas conyugales, justo cuando yo quería evitar pasar esa tarde a solas con él.

Por obvias razones, su reincidencia me hizo perder la paciencia. En pleno café inicié mi discurso reivindicatorio de su dignidad, porque las otras señoritas ya la perdieron, y poco a poco se fueron acalorando la intensidad de mis palabras. Procuré no perder el control y ser lo suficientemente precisa y convincente para lograr que mi pata reaccionara adecuadamente. Hasta que algo interrumpió toda mi concentración.

Después de una hora en dicho café, desde el cual recibí un par de llamadas telefónica y efectué algunas más para contactar al gran ausente, me habían robado el celular. Para mi triste realidad, el celular estaba dentro de la cartera, que contenía absolutamente todos mis documentos y unos cuantos soles, nada de consideración; solo que los autores del delito prefirieron asignarse el paquete completo.

¿Cómo fue? No lo recuerdo. Aprovecharon algún descuido en mi acalorada conversación, ya que en todo momento estaba pendiente de su existencia. Estamos en Lima, esas cosas suelen suceder. Además estaba confiada de que la dichosa cartera se encontraba también dentro del espectro visual de mi acompañante. Craso error!!! No porque no se pudiera ver, sino porque mi amigo se encuentra tan absorto en sus cavilaciones que ya casi no tiene conciencia de la realidad.

En fin, ambos nos descuidamos; sin embargo lo peor vino después. Cuando noté la ausencia de la cartera, precisamente cuando se requieren acciones inmediatas y precisas, mi pata tan solo atinó a continuar sentado, taparse el rostro con las manos y preguntarse ¿en qué momento pasó?
Perdón???

De pronto, el niño estaba más nervioso que yo, la principal perjudicada: había perdido todos mis objetos personales y me había dado cuenta de que la compañía de mi pata no me ofrece ninguna seguridad.

Tuve que indicarle, paso por paso, qué cosa debía hacer:
1.- pagar la cuenta (por alguna razón se quedó conversando con el administrador como si los establecimientos públicos se responsabilizaran por este tipo de incidentes)
2.- prestarme un sol, para llamar a mi celular en caso aún lo tuvieran encendido y quisieran alguna “recompensa” (obviamente, a mi “pata” no se le ocurrió prestarme el suyo)
3.- preguntar a los vigilantes de la puerta si es que habían visto a alguna persona sospechosa o que nos pudiera ayudar con su descripción.
4.- pedirle que me dejara en casa de mi novio, que vive a pocas cuadras del lugar, porque ya me había dado cuenta de que su compañía en ese momento no me ayudaba en absoluto.
5.- sugerirle que regresara al café y volviera a preguntar si es que alguien había visto algo.

El pobre estaba tan desconectado que me dijo: “ok, y luego a donde te llamo?”. Como si después de ocho años de conocernos no sabía que tengo un teléfono fijo en casa al que llama siempre a pesar de que toda la vida le digo que soy más ubicable en el celular.

No fue sino hasta que estuve en casa de mi novio, que encontré el apoyo que buscaba: me averiguó los teléfonos para bloquear mis tarjetas, me prestó su teléfono, me dio la tranquilidad necesaria y me acompañó a la comisaría a sentar la denuncia.

Yo me pregunto: “Es tan difícil instalar el chip de “reacción adecuada en momentos de emergencia” en algunas personas?

miércoles, setiembre 06, 2006

Marinovios proactivos


Siempre pensé que la pareja ideal, para mí, sería un chico super pilas, divertido, sociable, inteligente, trabajador, con sentido del humor, conciencia social y, sobretodo, bueno en su profesión. Hasta hoy, he salido con algunos marinovios que tenían en mayor o menor medida la mayoría de estas cualidades, pero nunca todas. La pareja ideal no existe, obviamente.


Cuando conocí a mi actual marinovio, encontré en él todas las cualidades de mi “ideal”, en diferentes proporciones, pero allí estaban. Incluso encontré una que no pedí, por pura resignación: no le gusta el fútbol. Todo esto sirvió para acercarnos como amigos y que en algún momento surgiera algo más. Sin embargo, hoy me enfrento al otro lado de la moneda: justo aquello que más me gustó, de pronto podría convertirse en una amenaza.

Él es un chico muy activo: estudia, trabaja y está involucrado en varios proyectos extras. En general es muy apasionado con su chamba, y eso me encanta. Pero últimamente sus actividades le están trayendo varios problemas y casi no tiene tiempo para mí.

Reconozco que yo también ando metida en mil cosas, termino muy tarde y muy cansada, pero a pesar de todo ello siempre tengo ilusión de, por lo menos, hablar con él. No dudo que él también quiera verme, lo conozco bastante bien, pero no puedo evitar sentirme afectada por esta situación.

Tal vez alguno dirá que no debería quejarme, porque así lo conocí; pero ningún extremo es saludable para nadie ¿verdad?

lunes, setiembre 04, 2006

Como moscas a la miel


¿No les ha pasado que cada vez que empiezan a salir con alguien, todos aquellos flirts, “amigos cariñosos”, ex-novios, compañeros de trabajo o amigos que nunca te dan bola, misteriosamente te empiezan a llamar, invitar cafecitos y saliditas de fin de semana?

Pues, a decir verdad, estoy convencida de que los hombres poseen un radar para apuntar, efectivamente y de inmediato, a esa presa que está “en peligro de perderse”.

¿Cómo se origina? ¿Cómo se enteran?
Es probable que ellos también tengan un sexto sentido que les indica cuando ya no nos interesan y, ¡oh sorpresa!, en ese instantáneo momento se empiezan a interesar.

Obviamente, este cruce de intereses genera una reacción completamente negativa por nuestra parte. Sumado a la abrupta aparición que interrumpe la concentración en nuestro nuevo interés, tenemos ese espíritu revanchista “no será cuando tú quieras”.

Así, solo se confirma aquella premisa de que a los hombres les gusta el maltrato, porque cuando los tratas bien empiezan a creer que pueden hacer lo que quieran contigo. ¡Y no pues!

Entonces continúan una secuencia de intentos fallidos con desastrosos resultados para ambos. Lo que empieza con llamadas no contestadas o mensajes sutiles de “estoy ocupada” podrían terminar en “no me molestes más!” u “ocúpate de tus propios asuntos!”

De allí tal vez se origina el que ellos consideren que “nosotras estamos locas”. ¡Pero no es así! Lo que realmente sucede es que su instinto funciona sin que ellos sean conscientes.

En otras palabras, ellos no saben de nuestro nuevo interés, si se lo decimos sutilmente, no lo entienden, si lo hacemos literal, lo minimizan. Por ello, tampoco entienden la razón de nuestra molestia o nuestro hastío. Conclusión “ellos son brutos” (tema que daría lugar a otro post, o varios).

¿Cómo es posible que siempre estemos cruzados, hombres y mujeres, con nuestros intereses sentimentales?

jueves, agosto 31, 2006

¿Great Place to Work?


Una de las cosas que aún no termino de entender es porque, en la actualidad, luchar por vivir bien te quita precisamente tiempo para ello.

Cuando estaba en la universidad, tenía todo el tiempo del mundo, o por lo menos más que ahora, pero no tenía dinero. En cambio, hoy que trabajo y tengo algo en el bolsillo para hacer lo que me gusta, no tengo tiempo. Y si por allí me hago de un espacio libre, inmediatamente el trabajo se encargará de ocuparlo.

Recordar a aquella amiga que trabajaba de 7am a 1am y que ahora no quiere saber nada de su profesión; o a aquel otro amigo que hoy está en Jaén y no sabe cuándo va a regresar, y que ya perdió el curso para su titulación; o a aquel otro que recibe llamadas a las 3am para seguir a tal o cual persona; o a aquel que estudió conmigo en la universidad y ahora patea latas, en el mejor de los casos es cajero de un banco; o a mí misma que perdí tres ciclos de inglés también por un viaje originado por falta de planeación; me escarapela el cuerpo.

En esas circunstancias, no sorprende que en menos de un año haya trabajado en cuatro lugares distintos en busca del ansiado “great place to work” (GPTW)

¿Les suena idealista?
Lo sé, pero una buena parte de mí también lo es.

En este proceso me he encontrado todo tipo de jefes y compañeros: los sensibles a los que no se les puede decir nada sin que sientan vulnerada su autoridad, los definitivamente ineptos, los engreídos que no pueden escuchar una buena propuesta sin creer que se les quiere serruchar el piso y las envidiosas saboteadoras (coloco género femenino, porque esas son las peores).

Todos con sus frases célebres “no puedes venir a decirme cómo debo hacer las cosas”, “quién te crees que eres”, “quedarse todos los días de 8am a 10pm demuestra tu compromiso con la empresa”, “te vas a las seis, ¿estás desmotivada?”, “esto tiene que estar para ayer” (para que luego duerma durante días en su escritorio),etc.

Todos con sus grandes ideas que se gestan a partir de la hora de salida, como si su reloj mental activara sus cerebros cuando uno lo está desconectando para irse a estudiar, al gimnasio, al cine o a rascarse la panza en su casa (con todo el derecho del mundo).

Por otro lado, no puedo olvidar al trabajador promedio. Aquel que por necesidad, costumbre o flojera de entrar en conflicto (estos son los que me estresan completamente), le sigue la corriente a esta horda de explotadores que no toma conciencia de que la oficina no es un fundo y que contratar personas no es comprar vidas.

Este drama es como la historia del huevo y la gallina. ¿Quién fue primero? No lo sé, pero día a día hacen crecer la bola de nieve a escalas enormes y cada vez se hace más difícil encontrar un poco de dignidad en la oficina.

¿A que viene todo esto?

Simple. Hace poco menos de un mes, empecé a laborar en una linda oficina cerca de mi casa y aunque dentro de todo se respira “buen ambiente” aún me encuentro analizando si este lugar encaja conmigo y si yo encajo en él, o sea si es mi GPTW. Es que después de tantas desilusiones me he vuelto más bien reacia a confiar en las virtudes y/o ventajas de las nuevas experiencias.

Como siempre, el tiempo tendrá la última palabra.

domingo, agosto 27, 2006

Cerramos el wawawasi... ¿o no?


A propósito de la historia de "el primo" vino a mi mente otro de mis karmas románticos: encontrarme ultimamente envuelta en "relaciones" con chicos más jóvenes.

Parece que el inicio de las versiones de "mayor que yo", en el ares figuran hasta seis, definitivamente marcaron algo en los astros que rigen mi "destino" (sea lo que sea que esto signifique).

Después de que este atrevido jovencito de 23 años manifestara algún tipo de interés, a los tres meses apareció uno de 21, con quién también hubo una historia trunca, y luego de tres meses más, lo más escandaloso, un chico de 19. Plop!

¿Cómo lo hace? ¿Cuál es el negocio?
Sinceramente, no lo sé. Incluso admito que es urgente ubicar cómo es que se genera el interés, para ver si se puede evitar de alguna manera.

En lo personal, reconozco que a veces salir con gente de mi edad me resulta aburrido, tanto hombres como mujeres. Los mismos temas, la misma rutina, sentados bebiendo en alguna casa o pub, hablando de la misma gente.

Por eso comencé a salir con mi prima de 18 años y era definitivamente otra cosa. Más pilas, más desenvuelta, más libre. Poco a poco me fue presentando a sus amigos, algunos de su edad, la mayoría mayores. Los cuáles siempre me preguntaban ¿Qué estudias?.

Al principio me parecía simpático. A qué mujer no se le eleva el ego cuando le dicen "pareces de 22 o 20 años" cuando en realidad tienes varios más. Pero creo que de hecho, una no se imagina estableciendo una relación con tantas diferencias. Tal vez al principio no se noten, pero tarde o temprano lo harán.

Sin embargo, uno de estos jovencitos, el de 21, definitivamente me movió el piso. A pesar de aquella historia trunca, aún somos amigos y eso es demasiada tentación.

Amigo de un amigo de otro amigo. Así lo conocí. Varias salidas en grupo nos acercaron y el chat madrugador, siempre la tecnología de por medio, nos hizo descubrir que teníamos muchas cosas en común. La verdad es que me hacía recordar a mí cuando tenía su edad.

Asumí el papel de la hermana mayor y me interesé por aconsejarlo en todo lo que podía. Tal vez compartir información que a mi me hubiera sido de gran utilidad en el momento en el que él se encuentra. Es un chico con muchos proyectos e intereses y eso me resulta absolutamente estimulante.

Todo cambió cuando en una de nuestras salidas me dijo que quería salir conmigo en otro plan. Sinceramente me cogió de sorpresa. Aún así decidí procesar el asunto, pero se enfrió pronto. Al poco tiempo retomamos contacto como amigos y poco a poco nos re-involucramos en nuestras actividades compartidas. Obviamente, solo desde el chat.

Hace dos semanas, por uno de estos proyectos, nos volvimos a ver. Y aunque al principio traté exclusivamente nuestra agenda, no pude evitar tomar conciencia de que aún me seguía pareciendo muy interesante.

Ahora, esto me pone en una encrucijada tremenda, porque me obliga a enfrentar nuevamente la lucha con mis propios reparos y, como es común en estos casos, no tengo nada claro en absoluto.

Se aceptan sugerencias.